13 febrero, 2017 - No Comments!

Mi selfie, mi sexo y mis ex-soldados

 

Tengo la casa llena de libros. Varios rincones de las cinco esquinas que estructuran mi loft inglés con pulcritud se atiborran por un lado de los americanos pedantes, de Pombó, Marías y Daniel Arencón entre los hispanos vivos (aunque el primero murió de un ataque al corazón.

Hay otra estantería pública de biografías. Las mujeres de Hitler, Anais Nin, cartas a Theo, e incluso Evita. Las guías de Lonely Planet también son literatura; al menos yo las apruebo. Tan solo por la ironía que puebla sus páginas merecen un aplauso. Además, siempre ocupan más de lo previsto al volver, por la cantidad de libros bellos que terminan reventando maletas. Los de filosofía cada vez los vigilo menos. Ya me emborraché a los veinte. Y eso que Zizek siempre te hace reír.

Luego tengo una estantería invisible…, que siempre está presente, aunque no la mire.

En realidad es casi más como una caja vacía, densa…; esta es la de los hombres que han habitado mi sexo. No hay prisa en llenarla. Como soldaditos rojos, los coloco en la madera alta tiempo después de que se hayan ido. Y es que  solo cuando  he dejado de llorar los he podido leer bien. Lo que he comprendido, por vergüenza, solo lo comparto con mi tacón, pero ahora ya puedo empezar a subir la escalera. Y vas a ver una carita redonda, escondida en una larga melena negra, que bien podría ser la de cualquier animal sexual.

En realidad, no fui ni animal sensual ni dragona para ninguno de ellos, porque nunca aprendieron a ver más que sus pensamientos (y su polla) y eso me corta; pero me excita saber que lo soy para él, y que lo volveré a ser, aunque solo me salpique las nalgas una vez cada ciento.

Volviendo a las sombras de mi patio,ahora soy muy capaz de llegar al último escalón y dejar a esos peleles sin nombre bien colocaditos. No olvido la capa de invisibilidad; así no los veo, tampoco cogen polvo…

Pasa el tiempo y ya no me importan. Puedo sentir hasta ternura por los más gordos. Y es que estoy tan alto que desde ahí arriba comienzo a volar. Veo a la Mara recia que los peones bobos creyeron ocupar. Ahora es bella, tan bella como puedes ver en el selfie que acompaña este texto.

Mara Blixen.

 

Published by: mara in Uncategorised

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