18 febrero, 2017 - No Comments!

50 formas de amar

Yo también leí Cincuenta Sombras y eso que soy de las que devoran literatura de altura; Pynchon, Foster Wallace y de ahí al cielo. Para escribir este artículo decidí ver la peli. Me gustó. Sí, me gustó. En resumen, Dakota es la película. No hay nada más. Ella se come la cámara. Él, pssshh…, pero me ha servido como inspiración para escribir estas líneas. Respecto al ardor sexual entre los protas, leed que mi coñito se quedó tal cual tanto con el libro como con la movie, pero por una razón que enseguida paso a contar, esta última me hizo sentir que ese principito azul puede existir. (La peli va de eso y de nada más).

Sí, creo en Christian Grey como príncipe azul. O eso quiero creer después de la última experiencia que acabo de vivir con uno de mis amantes pasajeros. Y vais a entender por qué. Voy a ver cincuenta sombras más oscuras justo después de un encuentro sexual pasajero al que aún no he sido capaz de adjetivar. Sé que el sexo es eso, sexo, no me engaño. No creo en nubes frondosas celestes, pero tampoco vale que llegue un tipo “interesante” con el que ha habido química, y que al final resulte ser un cero en la cama. ¡Joder! ¡Un cero en la cama no puede ser un tipo interesante! Vamos, que Christian al menos tiene dinero y eso siempre pone.

A lo que voy es que al ver la peli e hilando con mi última experiencia, se me ha ocurrido hacer algo así como una lista de comportamientos o reglas que los hombres deberían tener más en cuenta cuando se enfrentan a una relación sexual espontánea.

Chica joven mona, sexy y culta como yo no espera en el parque a su hombre de ensueño y decide que mientras llega, hay que estar presente en el mundo de la mejor forma posible que es haciéndose con amantes “around the Wilde world”. Un escritor de París, un músico de Corea y un artista en Berlín, por ejemplo.

Mara (o tú, ella…), con cada llamada, decide poner la luna llena rápidamente en el cielo de Madrid y se prepara para la ocasión. Se pone sus mejores galas  de seda,  deja en casita el romanticismo, y espera impaciente el rojo de la noche.
Ella sabe que la mayoría de los hombres no querrán conocerla de verdad. Ya no le importa ese asunto pero solo busca con frenesí que se haga la magia. Esa noche, que Mara siempre te hace pensar que solo baila para ti, no bailó. Y no sabes lo que te pierdes porque en cuanto atisba el mínimo egocentrismo, gime a desgana, besa en el cuello retirando el labio, y su piel apenas se enciende. Casi seguro tendrá un orgasmo tangencial. Por si no lo has entendido, te utilizará restregándose contra ti para rozar su perlita y al menos sentir algo de placer carnal. Tú no te enterarás de nada porque su educación complaciente, además del temor a herir tu ego, le niega a hacerte ver que por ese camino no vas bien… A estas alturas ya es consciente de que te vas a perder una experiencia excepcional. Si, Mara en ese sentido se lo sabe, se lo cree bien… No puede evitar que le asalte cierta tristeza y no repetirá. Se despedirá de ti en la puerta con un beso torcido y sentirá una liberación escalofriante al rozar su dedo despacio en la puerta una vez cerrada.

Como Mara es lista no pierde mucho tiempo con la fealdad del mundo, se concentra de nuevo en Christian y se esfuerza por hacer llegar al todavía rojo de la noche de un Madrid aun despierto, los momentos vividos con su amante platónico, el inglés, el único.  Porque después de cada encuentro con él, Mara se queda dos días temblando, flota, siente su olor, su palpitar. Está plena. Su recuerdo es aún más delicioso que el encuentro que tuvo y sabe que las cincuenta sombras son, en realidad, cincuenta luces de las que empieza a consumir todas, una a una, a sabiendas de que le quedan otras tantas para rescatar en caso necesario, como ha sido esta última noche. Y el amante volverá. Mara está segura. Son unos desconocidos pero, desde el primer día, los dos han entendido perfectamente las reglas del juego entre amantes pasajeros.

Cuando dos personas buscan un encuentro sexual esporádico (sin pagos mediante) deben ser conscientes de varias cosas. Uno: aunque no haya amor tiene que parecerlo. Dos: se deben explorar cosas nuevas, siendo más creativos de lo habitual (el sexo convencional que se quede en casa, si lo hay). Tres: los mimos y abrazos son muy importantes. Cuatro: hacerle sentir al otro que no solo buscas sexo, que también le aprecias, que le respetas y te interesa lo que te puede contar. Lo que quiero decir es que para que el sexo ocasional funcione tiene que convertirse en algo extraordinario, en un momento mágico de entrega entre dos personas que, aunque no se aman tienen que entregarse al erotismo por el enorme respeto que sienten, no por el otro, sino por el sexo.

Puede parecer sencillo pero Mara solo lo ha conseguido con “el inglés” y al salir del cine, con Christian Grey. Claro, a su manera con unos cuantos latigazos rítmicos. Eso es lo que nos atrae de él. Él no ama, folla pero folla con rotundidad, ¡con seriedad! Se entrega al sexo.
Y, pobre de él, porque aunque no lo sabe cuándo se folla a Anastasia la está amando. Ella así lo siente. Aunque no apruebe los azotes le gusta porque se entrega por completo a él. No olvidemos que si el cocktail funciona es porque el guion enseña una historia de amor, no de sexo. Y eso mismo debe parecer entre dos personas que buscan placer en matrícula.

Para los que no entiendan lo que digo se me ocurre una tabla de cincuenta (quitando el cero de atrás se quedan en cinco) comportamientos esenciales para hallar la noche perfecta.

Reglas de los amantes pasajeros.

Regla número uno: Quitarse la ansiedad por penetrar. ¡Por Dios! Es tan básica que aún me cuesta entender que un hombre pasado los treinta no la haya aprendido. Empezar así una noche de placer es lo más anti erótico para una mujer. El hombre que rápidamente va a la penetración, rápidamente experimentará la eyaculación. A ese hombre hay que quitarle el título de amante pasajero inmediatamente porque no llega a los mínimos.

Regla número dos: Mimarse el uno al otro (por igual). A todos nos encanta sentirnos queridos y eso aplica también en una relación espontánea. No lo olvidemos. Si no estás de acuerdo con esta regla busca una puta y punto. Recuerdo uno, artista claro, que en el segundo encuentro me suelta eso de que “tenía que mimarle mucho”. ¿Cómo? Pensé yo. Que una rica heredera treinta años mayor que el frágil Charlie Parker cuidara de él hasta su muerte es una cosa pero, ¿que han visto algunos en mí para darme ese rol?… Quizás es que no ven nada, no porque no quieran, es que no pueden. Solo pueden verse a sí mismos (y a su polla). El amante perfecto buscará un equilibrio entre la parte afectiva y la calidad del contacto sexual.

Regla número tres: No quitarle el juego de lencería en el primer asalto que con tanto esmero se puso para ti. Es más común de lo que creemos. Un consejo: Juega con las telas carísimas que ella ha comprado esa misma tarde. Besa las tiras de sus ligueros, muérdele los pezones por encima del sujetador… También dile que se meta sus deditos entre las telas rojas del culotte mientras la observas con descaro. Empezará a gustarte. Ella se sentirá enormemente deseada y se irá soltando… Recuerda lo siguiente: Cuando una mujer se suelta, ya no tiene límites. Se entrega.

Regla número cuatro: Prolongar los juegos sexuales. La mujer necesita de seis a nueve minutos para alcanzar el orgasmo, pero la gran mayoría de ellos lo hacen en tres. Para ello es clave fantasear, jugar, hablar. Échale un poco de vino en el pecho y chúpaselo mirándole con mucho deseo. Alargarás el momento de la penetración y conseguirás acercar esos minutitos de diferencia. Por ese camino, ella se sentirá excitada, aceptará (como he dicho antes) y comenzará a entregarse. Y cuando esté lista, entonces será más fácil que alcance el orgasmo al comienzo de la penetración. Pruébalo. Con un poco de suerte, seguramente lo alcancéis juntos.

Regla número cinco: Hay algunos fanfarrones que tienen el vicio de hablarte de su gran pericia en la cama. ¡No te creas una palabra!

Alguno encontré que al decirle que le veía con cierta destreza, se creció inmediatamente y empezó a hablar de que le importa tanto el placer de la mujer que había estudiado aquello del sexo tántrico. ¡Qué bien! Al cuarto o quinto encuentro, cuando el interés por tu persona empieza a menguar y ya solo busca tu agujerito, te das cuenta de que lo máximo que ha hecho ha sido leer sobre el tema en un artículo en GQ. Un amante experto en tantrismo siempre tendrá un comportamiento enormemente generoso y el fanfarrón se descubre antes de lo que él cree.

Lo siento hombres que me leéis pero escribo esto desde el enfado porque las expectativas que tenía puestas en mi último amante pasajero explotaron en mi cara enseguida y me ha dejado dos días de amargor. Ahora que estoy atravesando un momento vital enormemente rico, esta manchita no me la esperaba. Quiero decir que os adoro, que respeto enormemente vuestra manera de ser. Que tenéis que ser mucho más egoístas que nosotras para sobrevivir en esta sociedad dura que no os permite enseñar la vulnerabilidad, y mucho menos  llorar. Pero por eso precisamente a las mujeres de todo el mundo nos gusta Christian Grey, porque es frágil y se lo enseña a Anastasia desde el primer momento. No la engaña, le dice que en el cuarto rojo del dolor, ella sufrirá físicamente, pero le advierte de algo: Le va a gustar. Y claramente le gusta pero solo por una razón, porque ella sabe que él en el fondo la ama y entonces consiente y se entrega.

Ahí está la clave, deja si quieres el egoísmo para tu profesión, ama a todas las mujeres, y especialmente ama hasta la extenuación a las amantes de tus encuentros pasajeros, porque al no haber tantos intereses creados, solo en esos encuentros, el sexo se presenta desnudo, auténtico, se alza como centro indiscutible de nuestra vida.

Mara Blixen.

Fotografía de Cristina del Barco

Published by: Mara Blixen in Yo

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