24 abril, 2017 - No Comments!

I can be a fucking Barbie

I CAN BE. Con este mensaje de 1959, Barbie reivindica que las niñas pueden llegar a ser lo que quieran y hacer sus sueños realidad. “El límite somos nosotras mismas”.

Aparece la primara muñeca astronauta, soldado y hasta una candidata a la presidencia de Estados Unidos precipitándose a Hillary Clinton. “Barbie es embajadora de los usos, costumbres y culturas de todo el mundo”, puedes leer en los carteles de la exposición que estará en Fundación Canal (Madrid) hasta mayo. Su universo ha reflejado la variedad del mundo real. En 1968, aparece Crhistie, la amiga negra de Barbie. Pocos años después, Becky en silla de ruedas rosa. Barbie también tiene siete caballos, tres ponis, cinco perros y dos gatos. Y un coño, añado yo.

Tras ver esta exposición, observo que los de Mattel nos quieren vender desde hace tiempo a Barbie como feminista.

Progeso.

Es una feminista muy delgada. Pese a que en el 2016 hayan sacado un modelo con más curvas, el cambio apenas se percibe. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que a los hombres les gusta la carne? Cuanto más culo agarrar, menos dietas a hacer. Nuestra hada feminista también debe ser bella, muy bella. Lo aplaudo. Las lesbianas barbudas huelen mal. A ellas y a la “décima musa” Safo de Lesbos” dedico un cuento naif.

La Hada Bella de la historia que invento es mi visión íntima de Barbie, que, sobra explicar, podría ser cualquiera de las muñecas de la exposición ¿Acaso conocemos sus vidas? Me sobraba imaginación paseando entre las vitrinas para ver perturbación tras sus miradas y telas de oro. La guinda, para animar mi cabeza mísera, llegó en la última galería al encontrarme a Barbie Cher, batiendo records plásticos, Marilyn Monroe, borderline, narcisista y poco amada a los 36, Jeniffer López, con tres divorcios en su sabroso trasero, y mi adorada Scarlett O'hara, cuyas lágrimas de orgullo el viento barrió.

Si buscas por las redes, encontrarás barbies fumadoras, con celulitus y sin sujetador como las de la artista Annelies Hofmeyr, simplemente insultantes. E incluso machirulas como las de Barbiejaputa. Me desternillo de risa con sus twits.

 

Un cuento, una barbie, una hada bella

Ella era bella pero nadie se lo dijo de niña. Era lista y nadie se lo repetía de niña. Tenía talento para la danza y nadie reparó. Sin embargo, para todos era perfectita y en la latencia, esa edad insulsa, la castración le saludó con traje invisible. Tampoco se dieron cuenta. Ella siguió desarrollando huesos, pieles tóxicas y ojos de gitana. Cuando el molde no pudo superar más belleza, salió a exhibirse, soberbia, también alegre. Estirada, y es que las niñas tristes también se ponen tutú.

A los dieciséis volaba con raíces quebradas, perdón, cuadradas, complicadas. Las pizarras se atiborraban de sus dedos largos y los chicos hacían cola en el mercado.

Barbiebella, otra mañana perfecta, se contempló en la báscula, pero en vez de cuarenta y ocho quilos, descubrió a La Bestia y tuvo su primer orgasmo. Decir debo que para ella no había sorpresa en ese descubrimiento. Su pelvis burbujeaba y susurraba canciones de juventud. Cogió una cuchilla y se depiló el coño. Quería saber a qué olía esa guarrada. Los libros del Opus Dei estaban sellados y una modelo no podía osar a preguntar si eso era un agujero o una avellana amarilla.

Hadabella se enteró ese verano de que su poder ahí escondidito era aún más complejo que las inteligencias de las matrículas de honor y los corazones rotos que aplastaba en discotecas. Entonces decidió hacerse republicana como su abuelo, poeta y franciscano. Muerto, disecado en un poste de luz por los azules (su madre diría los buenos), y finalmente, beato.

Barbie se cortó la falda escocesa y tiñó las bragas de rojo. Izó pancartas y bautizó una casa okupa en los sótanos del palacete urbano de su papá. Muchas tardes de invierno jugó a la ruleta con botellas de tequila en vez de dados.

Barbiebella ahora también era BarbieBreve, por ligera, frívola y consumista de su cuerpo. La Bella, a las pocas semanas, desapareció; se desvaneció entre los textiles blancos de primera fila política en la Gran Vía.

Fue un catorce de abril y nadie preguntó qué fue de Kate Moss.

Mara Blixen. 

Published by: mara in Arte

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