Darth Vader. ¡Ja!

Papá:

Te voy a decir algo. Ahora mismo, si ahora mismo, no envidio ninguna de tus anécdotas vitales porque mi cabeza es grande. Viaja con un ritmo inquietante, mágico y está llena de ideas brillantes. Ando segura, bien contenta (y bien follada) y no necesito ponerme de pie para bailar. Mi cerebro es un maserati. ¡Ja! Va por delante de ti. Mmm… Quizás tú siempre lo has sospechado pero soy más artista que nunca.

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Cápsulas de Pulse Mara: Pulpos y grand cru.

Os dejo un pasaje de “Pulse Mara” con recuerdos de Japón, país presente en toda la novela y que espero conocer algún día.

Mara. 

 

<<…>>—Por hoy ya he tenido suficiente. Ya no bailo más —.

Cogiste una pieza de sashimi y me la diste de comer.

Luego te di un beso.

Te levantaste de nuevo y te sentaste en el sillón junto al mío.

Seguimos hablando. Me acuerdo también del momento cuando te contaba cómo los japoneses comen unos pulpos minúsculos, aún vivos. Yo me metía las manos en la boca para explicarte cómo era la sensación y tú me mirabas impaciente por saber más. Las patas, poco a poco,  van pegándose a tu dentadura. Te decía metiéndome las manos entre los dientes para explicártelo mejor. Al principio tienes una percepción algo extraña pero te va seduciendo cada vez más. Me dijiste que te parecía muy sofisticado. —Lo es —te contesté.

Después recuerdo levantarme, coger la botella de grand cru que traje y acercarme a ti. Estabas hermosa con esa falda lisa rosa y, por supuesto, con el sujetador de perlas que compraste. ¡Cómo alzaba tu pecho grande que tanto me excita! Comencé a ponerme muy muy cachondo. Quería follarte de nuevo. Quería comerte entera. Me arrodillé junto a ti. Te abrí un poco las piernas y ofreciéndote la botella de champán te dije —Échate el líquido por encima. Quiero beberte, lamerte, saciarme de ti —. Solo recordar cómo corría el licor por tu piel tersa y luminosa ha hecho que se me ponga muy dura. Empecé  a lamerte. Primero los pies. Fui subiendo por las rodillas, la parte interior de los muslos. Podía sentir cómo te ibas encrespando. Echaste la cabeza hacia atrás dejando caer la melena por la parte posterior del sillón. Podía oler ya el sabor de tu coño.  Llegué hasta las ingles. Tú suspirabas,  gemías. Cada vez más fuerte. Por fin alcancé tu preciada vulva. La mezcla del champán y los líquidos que empezaban a fluir de tu vagina me hicieron enloquecer y empecé a beber tu coño. Te metía la lengua hasta donde podía. Metí una mano por debajo del sujetador para pellizcar tus pezones. Tú me agarrabas la cabeza empujando hacia tus entrañas. —Más, Claudio, más —me decías. —Sigue. Cómeme. Cómeme. Fóllame —. Me echaste el champán por la espalda. Sentí un frescor embriagador. —Me encanta, cabrón —empezaste a gritar. —Más. Así, joder…. Me voy a correr. Cabrón. Cómeme entera. Hijo de puta —. Ya estabas completamente entregada al sexo. Yo estaba enfermo de deseo. Quería follarte. Quería que nos corriéramos a la vez. Mi polla estaba muy dura y sentía cómo subía el semen.

el amor es una amistad con momentos eroticos

—Ay Mara. Te voy a follar como nunca te ha follado ningún cabrón —te dije. Y te levanté del sillón. Te eché sobre la mesa de comedor. Me tumbé sobre ti y te la metí de un golpe. Empujé y empujé. Cada vez más fuerte, más duro. Estaba poseído por la danza de la noche. —Aggg, argg… —bramaba.  Embrujado por tu cuerpo, por tus perlas, por tu coño de puta. No quería parar. —Aggg  ¿Te gusta que te follen así?  ¿Quieres más? —te preguntaba. —Sí mamón. Quiero mássssss. Cómeme. Jódeme. Rómpeme… —.

Te jodí…

Te follé…

Te rompí…

Seguimos toda la noche follando y recuerdo la sensualidad del último polvo en tu habitación. ¡Cómo estábamos los dos pegados, tumbados de lado agotados! Yo te mordía suavemente el lóbulo de la oreja y te follaba muy muy lentamente. Tú seguías el ritmo pausado que yo marcaba agarrando mis piernas fuertemente como para sentirme más y más y de vez en cuando girabas levemente tu cabeza para que te diera un beso. Nunca olvidaré ningún polvo pero ese fue el más especial, Mara…

¡Cuánto anhelo volver a vivirte! Espero que sea pronto.

Te toca cuidarte mucho. Decirte que aquí me tienes cuando quieras…

Claudio.

¿Ya no quieres jugar, Mara?

Él:  Cuéntame, Mara, entre tú y yo, ¿cómo fue esa sesión de fotos? ¿Qué pensaste e hiciste sobre esa cama para exhibirte casi desnuda en Instagram?

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….

Él: (una semana después).

Cuéntame, Mara, me tienes con la miel en los labios. ¿Ya no quieres jugar?

Yo (Mara): Cada olor dulce, amargo, ácido, salado, que leo en tus emails,  hacen que yo misma desee recorrer los poros de mi cuerpo (de coño a pecho) despacio y en silencio para ti. Pero públicamente, hasta que adivine si eres capaz de absorber (de adivinar) mi sabor exterior velado por la literatura escrita en blanco y con censura. Y es que sé que aunque lo niegues, te asusta ver la carne marrón por dos, con olor a pezón. Eres incapaz de tocarla (*). Lo sé. En mi cama solo pensé en la posibilidad de que te excites al verme  meter un dedito, y otro,  por los encajes limpios de mi braga… Así, mira…, mis manos deshaciéndose de la camisa blanca de algodón hacia el cielo …, volviéndose un sabueso cachondo… Continúa cabrón…, ven…, ¡empieza a tocarme!

Y sigue escribiéndo, continua preguntando y mañana volveré a darte los buenos días (IG) en satén, cada vez más desnuda…, quizás…, o eso creo…

Mara Blixen.

(*). (con lo que a mí me gusta)

Inacabada. Con Tony Bennett y otros hombres.

Una habitación demasiado grande sin escalones, donde los pomos de las puertas, más bajos de lo habitual, me hacen dar cuenta de que es para minusválidos. Y es que no queda alojamiento en una Italia pletórica de sol, más gafa de pasta de lo políticamente original, algo de experimento y mucho arte inacabado…, como a veces parezco sentirme yo…

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Mara paseando entre los barrotes fríos de hierro.

Exactamente inacabada, así puedo llegar a sentirme hoy. Desde luego, ya no soy una niña pero me siento como si aún estuviera modelándome entre las pantallas frías que se deslizan veloces al son de Bennet. No pueden tocarse y yo intento pasar tímida entre los barrotes que forman esos screens gigantes y es que quiero terminar de averiguar quién soy. Pero los hierros son infinitos y bailan casi mejor que yo.

A veces, al levantar un pie, veo flashes seleccionados de mi pasado, de antes de ayer pero también de hace muchos años. Los más grandes me asustan, dibujan museos de miedo y trauma. En casi todos ellos la luz del sol que capturó el fotógrafo, forma la imagen fija enmarcada en mi memoria. Y a veces a esa luz del cuadro atirantado entre las barras gélidas, se añade la que se cuela torrencialmente desde la cubierta acristalada de vidrio. La mezcla de resplandores hace que me tambalee. Antes de caer, atisbo al fondo una posible salida. Salto.

Pero aparezco en otra sala. Es oscura y, sin saber por qué, siento vértigo. En ese momento la psicosis se apropia de mi vagina cuando veo aparecer en pantallazos de ordenadores muy viejos algunos de los hombres de mi pasado (de mi vida). Hablan todo el rato y se ceden la palabra entre ellos. Tengo la sensación de que se conocen. Sobre una caja de cartón oigo decir a Oscar: — Mara, Mara, ¿me recuerdas? Todos quieren intervenir y hacerme un warning. —¡Como sigas por ahí, te quedarás sola! —dice Luis. Alfredo me sonríe y repite que echa de menos mis risas… Boris aún no entiende por qué lo nuestro terminó, y Basil se arrepiente de no quedarse conmigo en Madrid… Todavía escucho a más y veo caras viejas, muy cambiadas. Tom me enseña cómplice la foto que me hizo desnuda y que fue portada en su exposición del MOMA… Karl me pide perdón por robar algunas de mis historias. Mompati me mira con esos ojos inundados en el Okavango… De algunos apenas recuerdo el nombre. Esos me miran serios, quieren castigarme. Empiezo a asustarme un poco y doy pasos largos mirando solo de reojo. — ¿Qué está pasando aquí? —me pregunto inquieta. Pienso si, en realidad, estarán todos muertos. Me mareo. Sus barbas me quieren dar alcance y siento una ligera náusea. Mientras corro hacia la siguiente sala puedo reconocer la voz del sádico de Juan bramando que quiere volver a follarse mi culo… No quiero oír más, ¡no puedo oír más! — ¡Dejadme en paz! —grito. Pero no pueden oírme porque esas palabras se quedan en mis labios. Soy incapaz de retarles.

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Decido irme de una vez. Por fin consigo alcanzar la siguiente sala. Ya solo oigo ruido de fondo. En esta nueva habitación sigo viendo barrotes, aunque ya no cuelgan como guillotinas. Se apilan en estructuras formando cajas y advierto de nuevo flashes, aunque esta vez no reconozco las historias de su interior. ¿Acaso será mi futuro?

La sola idea de tenerlo delante de mí me estrangula el pensamiento y acelero firme hacia una puerta grande galvanizada que intuyo es la salida. Vuelvo la manivela pero no se abre. La aporreo, me quiero ir de una puta vez. A mis golpes, la hoja suena fuerte pero sigue sin abrirse. Estoy sola y nadie va a oirme. Sigo dando golpes durante unos minutos que ya son eternos. Caigo rendida esperando a que alguien venga a abrir la maldita puerta, y es que no pienso volver por la sala oscura… Entonces oigo desde muy lejos, fuera, alguien silbando la melodía de Lookin’ for the light of a new love…  Me tranquilizo y es que reconozco la canción. Pero el silbo no parece querer venir a rescatarme porque cada vez se escucha menos.

To brighten up the night, I have you love

No oigo nada más.

Voy a tener que bailar sola en la oscuridad del pabellón porque Tony Bennett me ha abandonado fuera, en el jardín de Venecia.

Mara Blixen.

(La canción de Tonny Bennett se titula Dancing in the dark).

#vicio01.Sergio M. El hombre que recorre mi cuerpo.

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¿Y si al fin me armo de valor y me decido a emprender el camino?

¿Y si consigo recorrer el empeine de tus pies y no caer perdido entre sus dedos?

¿Y si alcanzo tus gemelos sin que me fallen las fuerzas y pago su parada y fonda con mis besos?

¿Y si me deslizo por tus rodillas hasta que la carne de tus muslos detenga mi caída?

¿Y si arrastro mis deseos clavando en sus curvas las yemas de mis dedos?

 ¿Y si al fin, derrotado, llego a mi destino, tu sexo?

 ¿Qué me espera entonces, Mara? ¿Qué encontraré tras tu velo?

(Texto enviado por Sergio M. el hombre que desea recorrer mi cuerpo, tu cuerpo…).
Ojalá tuviera todas las respuestas Sergio… Precioso texto. 
¿Os gusta?
Mara Blixen.

Striptease, pezones y Mata Hari.

Un stripteaseestriptis o estriptís1 (del inglés strip (desnudar) + tease (engañar), baile sensual),

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Mata Hari muy sensual.

es lo primero que dice SexyPEDIA cuando buceo en google, y es lo último interesante que puedo leer, eso y descargarme para el blog la foto de la adelantada y erótica Mata Hari. Aunque hablo inglés, no había hecho la conexión de que la segunda parte de esta palabra (algo cursi si escuchas con atención), es un engaño.

(Strip-TEASE suena como a tis, tea, tit, ti, titi, el piti que se fumaba mamá, y es que todo aquello que acaba en i es muy inglis…y cursiX, que no sexy(i))…, o sexy(i)X!

Inmediatamente me pregunto por qué es un engaño. Sigo leyendo. Rápido te das cuenta de que lo del engaño debe suponerlo solo aquel que crea que lo que va a terminar viendo es lo que “la chica” no enseña cuando aparece en el stage envuelta en oro y sal. Lo curioso es que nadie desea verlo en realidad, y siempre vas a preferir que me quede con las telas envolviendo mis pezones redondos, duros… Entonces es cuando la palabra cobra sentido. Porque cuando has deseado más de mí, quizás yo te he llevado al engaño…

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Mara Blixen simulando un striptease.

Al engaño de creer que me conseguías, de pensar que ya era tu antojito, de hacerte sentir cómo podrías follarme o poseerme, romperme hasta el dolor… Más, más allá, allí donde tu esencia se corrompe para siempre, desoyendo la barrera de la intimidad.

Y cuando crees que lo has conseguido después de un sudado feo, y aún con el sufrimiento que provoca el miedo por acercarte, tu chica (la que ya creías solo para ti) tira la última tela roja al bobo que siempre bebe agua, y se le siente aburrido escondido desde hace meses, casi años, en el espejo negro de salida.

Y te vuelvo a hacer un striptease cuando lo pidas, y será nuestro striptease bobo…

Mara BLixen. 

Mi ombligo rojo…

s1Yo invoco a mi estómago para que exista sobre tu short azul, cantando puro por el silencio del tacón rojo de charol.

 

Poesía para que me ames…

 

Mara.

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