Cuentos y ostras por Navidad.

… Parece que esta noche no va a resultar fácil disfrutar de mi meretriz. Cuando cierro la puerta, siento que estoy algo enojado. Todavía no he conseguido follarme a esta perra y todo son sobresaltos. Me apoyo en la pared algo exhausto y me doy cuenta de que nos encontramos en un pequeño jardín en penumbra. Me habían comentado que los retretes japoneses siempre estaban separados de las construcciones principales, y se accedía a ellos a través de un  jardín oscuro y silencioso. El lugar más sórdido de una construcción, la tradición japonesa lo alza al refinamiento máximo. Llueve suavemente, una bombilla en el aire es la única iluminación que hay. Despierto absorto en mis pensamientos cuando veo salir a Reiko del cuarto del retrete. Súbitamente mi sangre se irrita de nuevo al contemplarla. Sin pensarlo mucho alzo el paso hasta alcanzarla. Saco los moluscos de mi bolsillo y los dejo encima de una mesa redonda de madera. Se me ha ocurrido una idea que me está poniendo terriblemente enfermo. Arrimo a Reiko bruscamente, colocándola frente a la mesa. Le doblo la espalda hasta que su cara frota levemente la tapa de la mesa, me coloco detrás y mientras le subo la falda y le bajo las bragas le digo al oído —ahora te vas a comer todas las putas ostras que desees, vas a chupetearlas, lamerlas y tragarlas hasta que no quede baba alguna, y mientras tanto, yo te voy a meter la polla por el culo hasta que no dejes una sola. Quiero ver, mientras te follo, cómo revientas de placer con las deliciosas perlas —.

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Tenía a Reiko enteramente dominada. Obedeció, acercó una mano hasta las ostras y empezó a comer. Cada vez que se hacía con una en la boca, yo embestía fuerte buscando satisfacer mi placer hasta el límite. Empecé a sentirme fuera de mí. Verla comiendo uno de los pecados más exquisitos de la naturaleza tan sometida y sin capacidad de reacción, despertó mi pasión por el poder más escondida. Yo crujía y lanzaba gruñidos, seguí penetrándola con una furia hasta el momento desconocida. Solo pensaba en mi placer. Me iba a correr. Agarré sus tetas con un brazo, con el otro le metí en la boca mi mano con el último molusco hasta la garganta. Seguía follándomela sin descanso, estaba poseído por la lujuria. Con la última sacudida sentí como mi puta se partía. Me corrí apoyándome en su espalda y dejándome llevar al éxtasis más diabólico…

Mara Blixen. 

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  • La última imagen muestra la escena de dominación tan polémica de nuevo en los últimos tiempos, por las declaraciones de su director, sobre lo que pasó ese día en rodaje. Bertolucci ha confesado este año que no le comentó a la actriz lo que iba a pasar porque, cito textualmente: <<Quería que María sintiera, y no actuara la rabia y la indignación>>.  Los foros encendidos e incendiarios se multiplican. Ahí lo dejo.
  • La ambientación de este cuento, (posiblemente continúe) está inspirado  en la descripción que hace de un aseo japonés, el autor Tanizaki, del estético y exquisito librito, El elogio de la sombra.

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