Mi book trailer

Cuatro episodios de mi novela en cuatro escenas en este intenso corto que espero provoquen tus ganas de devorar las líneas de Pulse Mara.

¿Dónde estás?

¿Dónde estás cantante de ópera?

Lo que no abandono es tu cuerpo tras de mi a ciegas en nuestro primer encuentro. Te abrí la puerta y negaste calentamientos. Subiste la falda, testaste por vez primera mi nalga con tu mano simiesca y me follaste sobre la tapa de cristal. De eso me acuerdo con nitidez. Tu fuerza y bravura me desordenaron.

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Darth Vader. ¡Ja!

Papá:

Te voy a decir algo. Ahora mismo, si ahora mismo, no envidio ninguna de tus anécdotas vitales porque mi cabeza es grande. Viaja con un ritmo inquietante, mágico y está llena de ideas brillantes. Ando segura, bien contenta (y bien follada) y no necesito ponerme de pie para bailar. Mi cerebro es un maserati. ¡Ja! Va por delante de ti. Mmm… Quizás tú siempre lo has sospechado pero soy más artista que nunca.

Sigue leyendo “Darth Vader. ¡Ja!”

Cápsulas de Pulse Mara: Pulpos y grand cru.

Os dejo un pasaje de “Pulse Mara” con recuerdos de Japón, país presente en toda la novela y que espero conocer algún día.

Mara. 

 

<<…>>—Por hoy ya he tenido suficiente. Ya no bailo más —.

Cogiste una pieza de sashimi y me la diste de comer.

Luego te di un beso.

Te levantaste de nuevo y te sentaste en el sillón junto al mío.

Seguimos hablando. Me acuerdo también del momento cuando te contaba cómo los japoneses comen unos pulpos minúsculos, aún vivos. Yo me metía las manos en la boca para explicarte cómo era la sensación y tú me mirabas impaciente por saber más. Las patas, poco a poco,  van pegándose a tu dentadura. Te decía metiéndome las manos entre los dientes para explicártelo mejor. Al principio tienes una percepción algo extraña pero te va seduciendo cada vez más. Me dijiste que te parecía muy sofisticado. —Lo es —te contesté.

Después recuerdo levantarme, coger la botella de grand cru que traje y acercarme a ti. Estabas hermosa con esa falda lisa rosa y, por supuesto, con el sujetador de perlas que compraste. ¡Cómo alzaba tu pecho grande que tanto me excita! Comencé a ponerme muy muy cachondo. Quería follarte de nuevo. Quería comerte entera. Me arrodillé junto a ti. Te abrí un poco las piernas y ofreciéndote la botella de champán te dije —Échate el líquido por encima. Quiero beberte, lamerte, saciarme de ti —. Solo recordar cómo corría el licor por tu piel tersa y luminosa ha hecho que se me ponga muy dura. Empecé  a lamerte. Primero los pies. Fui subiendo por las rodillas, la parte interior de los muslos. Podía sentir cómo te ibas encrespando. Echaste la cabeza hacia atrás dejando caer la melena por la parte posterior del sillón. Podía oler ya el sabor de tu coño.  Llegué hasta las ingles. Tú suspirabas,  gemías. Cada vez más fuerte. Por fin alcancé tu preciada vulva. La mezcla del champán y los líquidos que empezaban a fluir de tu vagina me hicieron enloquecer y empecé a beber tu coño. Te metía la lengua hasta donde podía. Metí una mano por debajo del sujetador para pellizcar tus pezones. Tú me agarrabas la cabeza empujando hacia tus entrañas. —Más, Claudio, más —me decías. —Sigue. Cómeme. Cómeme. Fóllame —. Me echaste el champán por la espalda. Sentí un frescor embriagador. —Me encanta, cabrón —empezaste a gritar. —Más. Así, joder…. Me voy a correr. Cabrón. Cómeme entera. Hijo de puta —. Ya estabas completamente entregada al sexo. Yo estaba enfermo de deseo. Quería follarte. Quería que nos corriéramos a la vez. Mi polla estaba muy dura y sentía cómo subía el semen.

el amor es una amistad con momentos eroticos

—Ay Mara. Te voy a follar como nunca te ha follado ningún cabrón —te dije. Y te levanté del sillón. Te eché sobre la mesa de comedor. Me tumbé sobre ti y te la metí de un golpe. Empujé y empujé. Cada vez más fuerte, más duro. Estaba poseído por la danza de la noche. —Aggg, argg… —bramaba.  Embrujado por tu cuerpo, por tus perlas, por tu coño de puta. No quería parar. —Aggg  ¿Te gusta que te follen así?  ¿Quieres más? —te preguntaba. —Sí mamón. Quiero mássssss. Cómeme. Jódeme. Rómpeme… —.

Te jodí…

Te follé…

Te rompí…

Seguimos toda la noche follando y recuerdo la sensualidad del último polvo en tu habitación. ¡Cómo estábamos los dos pegados, tumbados de lado agotados! Yo te mordía suavemente el lóbulo de la oreja y te follaba muy muy lentamente. Tú seguías el ritmo pausado que yo marcaba agarrando mis piernas fuertemente como para sentirme más y más y de vez en cuando girabas levemente tu cabeza para que te diera un beso. Nunca olvidaré ningún polvo pero ese fue el más especial, Mara…

¡Cuánto anhelo volver a vivirte! Espero que sea pronto.

Te toca cuidarte mucho. Decirte que aquí me tienes cuando quieras…

Claudio.

¿Ya no quieres jugar, Mara?

Él:  Cuéntame, Mara, entre tú y yo, ¿cómo fue esa sesión de fotos? ¿Qué pensaste e hiciste sobre esa cama para exhibirte casi desnuda en Instagram?

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….

Él: (una semana después).

Cuéntame, Mara, me tienes con la miel en los labios. ¿Ya no quieres jugar?

Yo (Mara): Cada olor dulce, amargo, ácido, salado, que leo en tus emails,  hacen que yo misma desee recorrer los poros de mi cuerpo (de coño a pecho) despacio y en silencio para ti. Pero públicamente, hasta que adivine si eres capaz de absorber (de adivinar) mi sabor exterior velado por la literatura escrita en blanco y con censura. Y es que sé que aunque lo niegues, te asusta ver la carne marrón por dos, con olor a pezón. Eres incapaz de tocarla (*). Lo sé. En mi cama solo pensé en la posibilidad de que te excites al verme  meter un dedito, y otro,  por los encajes limpios de mi braga… Así, mira…, mis manos deshaciéndose de la camisa blanca de algodón hacia el cielo …, volviéndose un sabueso cachondo… Continúa cabrón…, ven…, ¡empieza a tocarme!

Y sigue escribiéndo, continua preguntando y mañana volveré a darte los buenos días (IG) en satén, cada vez más desnuda…, quizás…, o eso creo…

Mara Blixen.

(*). (con lo que a mí me gusta)

Inacabada. Con Tony Bennett y otros hombres.

Una habitación demasiado grande sin escalones, donde los pomos de las puertas, más bajos de lo habitual, me hacen dar cuenta de que es para minusválidos. Y es que no queda alojamiento en una Italia pletórica de sol, más gafa de pasta de lo políticamente original, algo de experimento y mucho arte inacabado…, como a veces parezco sentirme yo…

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Mara paseando entre los barrotes fríos de hierro.

Exactamente inacabada, así puedo llegar a sentirme hoy. Desde luego, ya no soy una niña pero me siento como si aún estuviera modelándome entre las pantallas frías que se deslizan veloces al son de Bennet. No pueden tocarse y yo intento pasar tímida entre los barrotes que forman esos screens gigantes y es que quiero terminar de averiguar quién soy. Pero los hierros son infinitos y bailan casi mejor que yo.

A veces, al levantar un pie, veo flashes seleccionados de mi pasado, de antes de ayer pero también de hace muchos años. Los más grandes me asustan, dibujan museos de miedo y trauma. En casi todos ellos la luz del sol que capturó el fotógrafo, forma la imagen fija enmarcada en mi memoria. Y a veces a esa luz del cuadro atirantado entre las barras gélidas, se añade la que se cuela torrencialmente desde la cubierta acristalada de vidrio. La mezcla de resplandores hace que me tambalee. Antes de caer, atisbo al fondo una posible salida. Salto.

Pero aparezco en otra sala. Es oscura y, sin saber por qué, siento vértigo. En ese momento la psicosis se apropia de mi vagina cuando veo aparecer en pantallazos de ordenadores muy viejos algunos de los hombres de mi pasado (de mi vida). Hablan todo el rato y se ceden la palabra entre ellos. Tengo la sensación de que se conocen. Sobre una caja de cartón oigo decir a Oscar: — Mara, Mara, ¿me recuerdas? Todos quieren intervenir y hacerme un warning. —¡Como sigas por ahí, te quedarás sola! —dice Luis. Alfredo me sonríe y repite que echa de menos mis risas… Boris aún no entiende por qué lo nuestro terminó, y Basil se arrepiente de no quedarse conmigo en Madrid… Todavía escucho a más y veo caras viejas, muy cambiadas. Tom me enseña cómplice la foto que me hizo desnuda y que fue portada en su exposición del MOMA… Karl me pide perdón por robar algunas de mis historias. Mompati me mira con esos ojos inundados en el Okavango… De algunos apenas recuerdo el nombre. Esos me miran serios, quieren castigarme. Empiezo a asustarme un poco y doy pasos largos mirando solo de reojo. — ¿Qué está pasando aquí? —me pregunto inquieta. Pienso si, en realidad, estarán todos muertos. Me mareo. Sus barbas me quieren dar alcance y siento una ligera náusea. Mientras corro hacia la siguiente sala puedo reconocer la voz del sádico de Juan bramando que quiere volver a follarse mi culo… No quiero oír más, ¡no puedo oír más! — ¡Dejadme en paz! —grito. Pero no pueden oírme porque esas palabras se quedan en mis labios. Soy incapaz de retarles.

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Decido irme de una vez. Por fin consigo alcanzar la siguiente sala. Ya solo oigo ruido de fondo. En esta nueva habitación sigo viendo barrotes, aunque ya no cuelgan como guillotinas. Se apilan en estructuras formando cajas y advierto de nuevo flashes, aunque esta vez no reconozco las historias de su interior. ¿Acaso será mi futuro?

La sola idea de tenerlo delante de mí me estrangula el pensamiento y acelero firme hacia una puerta grande galvanizada que intuyo es la salida. Vuelvo la manivela pero no se abre. La aporreo, me quiero ir de una puta vez. A mis golpes, la hoja suena fuerte pero sigue sin abrirse. Estoy sola y nadie va a oirme. Sigo dando golpes durante unos minutos que ya son eternos. Caigo rendida esperando a que alguien venga a abrir la maldita puerta, y es que no pienso volver por la sala oscura… Entonces oigo desde muy lejos, fuera, alguien silbando la melodía de Lookin’ for the light of a new love…  Me tranquilizo y es que reconozco la canción. Pero el silbo no parece querer venir a rescatarme porque cada vez se escucha menos.

To brighten up the night, I have you love

No oigo nada más.

Voy a tener que bailar sola en la oscuridad del pabellón porque Tony Bennett me ha abandonado fuera, en el jardín de Venecia.

Mara Blixen.

(La canción de Tonny Bennett se titula Dancing in the dark).

#vicio01.Sergio M. El hombre que recorre mi cuerpo.

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¿Y si al fin me armo de valor y me decido a emprender el camino?

¿Y si consigo recorrer el empeine de tus pies y no caer perdido entre sus dedos?

¿Y si alcanzo tus gemelos sin que me fallen las fuerzas y pago su parada y fonda con mis besos?

¿Y si me deslizo por tus rodillas hasta que la carne de tus muslos detenga mi caída?

¿Y si arrastro mis deseos clavando en sus curvas las yemas de mis dedos?

 ¿Y si al fin, derrotado, llego a mi destino, tu sexo?

 ¿Qué me espera entonces, Mara? ¿Qué encontraré tras tu velo?

(Texto enviado por Sergio M. el hombre que desea recorrer mi cuerpo, tu cuerpo…).
Ojalá tuviera todas las respuestas Sergio… Precioso texto. 
¿Os gusta?
Mara Blixen.

Mi ombligo rojo…

s1Yo invoco a mi estómago para que exista sobre tu short azul, cantando puro por el silencio del tacón rojo de charol.

 

Poesía para que me ames…

 

Mara.

JAZZ = Acto Sexual

Y no lo digo yo. Que el origen de la palabra Jazz está en el sexo. Es el mismo acto sexual. Nació entre putas y hoy se escucha entre damas. Y eso me gusta. Y, ¿por qué me gusta?

Antes de contestar, tengo que decir que el jazz me conquistó casi de niña, cuando vi la primera orquesta llena de negros, aguantando objetos dorados, en una de las pelis antiguas que solía poner papá. Ni siquiera él sabía que aquella música animal era Jazz. En mi casa siempre sonaba Mozart o la histriónica guitarra eléctrica de mi hermano mayor.

I LOVE JAZZ

Si ayer se celebraba el día Mundial de la danza, hoy se hace lo propio con el Jazz. Se ha debido poner otra vez de moda porque hasta la primera dama de Estados Unidos lo ha  celebrado bailando un swing.

Quizás la mujer del Presidente no sepa que aunque el swing sea un tipo de baile con ritmos de jazz, su origen está en el sexo. Hoy en día se sigue utilizando al referirnos al intercambio de parejas (swingers)… Si no has escuchado muchos blues quizás no conozcas que Jelly Roll es una expresión que aparece en innumerables canciones, refiriéndose unas veces a los coños, otras al semen…, y así, unos cuantas cosas más.

Se sabe que Billie Holiday ejerció la prostitución en los mismos clubs que cantaba. ¿Hoy en día alguien se imagina a la rubísima Diane Krall triunfando con un cv así? La respuesta es NO, y quizás me confunda, pero creo que hay todavía más tabú en el sexo que a principios del siglo pasado.

Insisto en que no puedo entenderlo.

Ayer leía una crítica sobre la aparición de la bella y afamada escritora, Zadie Smith en una campaña de publicidad de una firma de moda. ¡Me pareció tan estúpido que la acusaran de superficial! La Ética y la Moral se metieron en medio. Exabruptos o  espasmos como “¡Una intelectual posando para el mundo entero con un vestido caro”!  Sinceramente, PA-TÉ-TI-CO. Se la debe juzgar por su calidad literaria, y si sus libros son buenos, ¿qué más da si se llena el bolsillo con una foto porque, además de escribir bien, es guapa?

<< Me gusta la naturalidad con la que hablas de ti, de tus sensaciones y tus deseos, de eso que todas las mujeres sentís pero la mayoría oculta y se ruborizan al hablar de sexo. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que sigue pareciendo un tema tabú, del que no se habla con naturalidad. Por eso me gusta leerte, y me convierto desde ya en seguidor tuyo>>.

Esta cita es un extracto de un email que recibí ayer felicitándome por mi blog. Claro y halagador. Te doy las gracias J.A. Pero también tengo detractores. Y lo que es más evidente, por supuesto los tengo que buscan mi jazz, mi carne. Aprovecho estas líneas y a esos les digo que ya la tienen, que disfruten del sexo que les doy en cada una de mis líneas, de mis fotografías y de mis opiniones.  ¡Soy deliciosamente vuestra!

Scott Fitzgerald escribió que el jazz, en el camino hacia la respetabilidad, fue primero sexo, luego baile y luego música. Pues yo con descaro digo que soy todo ello a la vez.

¡Soy sexo, soy baile, soy literatura!

Mara Blixen.

Te doy mis pechos. (Coco desnuda en la cama).

 

pechos

Mis pechos hablan serpenteando entre espejos…, en una tarde solitaria y casi ruidosa de viernes…, en otro reglado fin de semana más, ¿Cuántos más? ¿Cuántos llevo vividos? Y,  ¿Cuántos quedarán?…, ¿Quién coño me preguntó si los quería vivir? ¿Una madre que olvidó que éramos dos cuando nació mi hermano gemelo? ¿Un padre que se largó sin decirme si quiera adiós?

Así me despierto de la siesta del comienzo de un fin de semana muy “lady blue”. Seré breve porque me incorporo cansada de escribir en mis pestañas… (Solo un artista podría fotografiar mi última frase).

Tras el disparo, ahora soy capaz de haceros notar la sutileza del papel limpio que confunde al fotógrafo cada vez que pretende destacar el monte de venus de una mujer frente al vals del piano. Mi repetitivo triángulo se despereza entre las culebras de su biombo. Y aún no conozco al retratista…

h3Mi noche de más se suma a la vida, porque, de la caverna de la sala oscura de contrastes surge un trazo bonito, pinta de azul a los muchachos… Y es que la belleza es la hostia nívea que nos remide del pecado. Su búsqueda, la búsqueda que hago de ella follando obsesivamente es lo único que me hace estar clavada al suelo y no morir.

Admiro la cajita mágica que envuelve cualquier fotografía sublime. Yo soy solo una escritora deprimente (pero alegre por genética), quizás por el temor a no alcanzar nunca la belleza de la que siempre hablo…, o la fama. O a no creérmelo… A fracasar, cuando simulo en el tejado, ser la fea Coco Chanel, la flaca que ese tonto admiró antes de que alcanzara el éxito de manera natural. Cuando leo sobre ella, me pregunto si, antes de conseguir la fama, también fue admirada por su personalidad. Es posible que esta reflexión esté anticuada hoy, pero, ¿cuándo empezó a ser importante la fama? ¿Llenaba Coco los lugares por su estela de adolescente? Entiende lo que trato de decir.

Me gustan las fresas, pero también me gusta no ser nadie.

¿No es esa la cota más alta de la verdad?

….

Perdón, ¿No es esa la cota más alta de la vanidad?

Mara Blixen.

Sexo jamás confeso, muerte y flamenco.

R7aY llega el aviso de tu muerte. Por fin. No soportaba más la presencia de la puta Decadencia riéndose de ti, y de todos nosotros cada vez que, con sus zancadas negras parsimoniosas, te clavaba la aguja.

Pocas veces enciendo el tocadiscos que me regaló papá. Mozart, y su Lacrimosa requieren respeto. Así que paro de llorar y dejo caer la aguja, una aguja limpia, y aunque punzante, muy diferente a la que impulsa la Muerte. Este es mi pequeño rezo ateo para despedirte, Gran danzón.

Cierro los ojos y escucho la marcha. Puedo dibujar sombras oscuras flotando como una corona sobre mi coleta. Quizás solo sea un rodeo y estén de paso para asentarse en otra cama, o quizás las estoy oliendo porque la siguiente soy yo. Hoy, cada vez que una bandada de pajaritos pequeños levanta el vuelo en Madrid, continuo viendo esa carita sonriente de niño que, sin embargo, escondía en secreto desde el vientre una dermis podrida. Ya han pasado cinco años…

Aunque los pájaros rara vez vuelan de noche, acaba de expandir las alas en el patio quieto de casa uno grande. He decidido que seas tú, Álex. Les diré a esas dos criaturitas que dejas ya cortadas para siempre, que busquen alto…

Y de flamenco y del nacimiento de los dioses también quiero hablar hoy. Del flamenco porque ninguna expresión artística ha sabido expresar mejor el canto de la muerte. A cualquier seguiriya la colma su desnudez, la ausencia de retórica. Su cante triste repleto de sexo jamás confeso, lo hace místico.R23a

Álex, me despido sin parar de bailar en cualquiera de esas fiestas locas que organizabas. Nadie se atrevía a poner fin hasta que uno alzaba la última botella, buscando a quien bautizar como el dios del nuevo día. Te digo adiós de una manera original. Regalándote este vals de José Hierro que canta jondo algo así:

<<Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca>>.

Mara Blixen.

Mi abrigo rojo.

ABRIGO ROJO

Mi abrigo rojo,

rojo intenso, de lana y largo hasta la rodilla. Así es mi querido abrigo rojo.

Lo uso dos veces al año. Cuando empieza el otoño y a punto de irse el invierno, y lo hago porque abriga pero no ahoga. Me gusta porque es ligero como yo, cobija al auxilio, como yo, y es suave al tacto, casi como yo.

Y es que cuido mi piel con mimo. Después de hacerla respirar corriendo por las calles del barrio, la ofrezco largos baños calientes, la limpio con exfoliantes que compro en Kiehl´s,  la unto, extendiendo cremas aceitosas que me traigo de una tiendita escondida del viejo Londres…

Y entonces da comienzo el ritual “rouge”.

Música sensual suena ya a lo lejos. Me acerco al armario de lencería y escojo una braguita blanca, o color carne mejor, de algodón y sin encajes, de esas de día. Va a ser mi único atuendo. Eso, y por supuesto, mi abrigo. ¡Ah! Se me olvidaba. ¿Cómo iba a brindarme al despertar sin mis zapatos negros de charol?

Move on, waiting for that change of season, Oh the winter’s been so long…

Y comienzo a bailar por el largo salón de mi casa con esta canción dulce de George Michael, y es que llega la primavera, mi abrigo se desempolva revoloteando libre alrededor de mis piernas desnudas, acaricia mi culito, mis pechos, y envuelve mis brazos. Y es que danzo a pasitos coquetos, concisos, aunque cada vez menos tímidos… Mis tacones ya se van dejando llevar sin temor por los ángeles, giran sobre sí mismos, se hablan, se intercambian algunas melodías…

R1

Y cuando voy metiendo los deditos por los límites de la única tela prieta que se ciñe a mi cuerpo es porque ya siento el ardor que lentamente recorre mi piel blanca. Mis pezones se endurecen deseosos de un amor caliente y mi braguita terminará por resbalar entre los charoles de aguja…

Pero esta noche es solo para mí. Algunos celebran el cambio de estación con nuevos colores. En Japón, lo hacen anunciando el florecimiento de los cerezos. Es muy popular hacer un picnic (Hanami) en los parques. Tanto es el fervor por el rosa en flor, que en ocasiones la fiesta continua hasta bien profunda la noche.

Pero yo prefiero hacerlo sola, en casa, desnuda bajo mi manto rojo. Dos veces cada año desde que tengo veinte. Desde que aprendí a tocarme venciendo mi pudor, cediendo a los límites impuestos quién sabe por qué. Sigo y sigo hasta que mi vulva destella…, hasta que termina la canción que dice así:

I’m gonna be lucky in love someday…

Mara Blixen. 

Una cita por SKYPE. Parte II.

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Continuación de “una cita por SKYPE, parte I”.

Mara: ¿me quito los ligueros?

Claudio: no. Bájate las bragas  solo un poco y enséñame ese coño.

Oh, síii, así….

Para.

Abre tus labios  superiores y acércate un poco más al ipad.

Quiero ver tu clítoris.

¿Ya está duro?

Mara: y muy mojado cabrón. 

Claudio: Acaríciate.

Así… joder ¡qué bien!

Ahora métete un dedo en la vagina niña.

Mara: me gustaría más que lo hicieras tú. 

Claudio: ay puta.

Mara: Imagino tus dedos expertos explorando mi entraña. 

Uno, dos, tres.

Me estoy mojando cada vez más.

¿Puedes sentirlo?

Claudio: Si pudiera te metería el puño entero perra. 

Mara: Aggg! 

Empiezo a sentirte.

Jummm, aggg,

Maldito cabrón.

Claudio: No quiero que te corras aún.

Mara: Te estás masturbando. 

Claudio: Sí. Quiero que nos corramos a la vez.

Pero antes…

¿Qué tienes sobre ese silloncito de detrás?

¡Cámbiate!

Mara: Es una pieza única de la tienda. 

Está bordada con perlas rosas.

Claudio: enséñamela. 

Mara: ¿la puedes ver?

Claudio: oh sí. Póntela ahora mismo.

Mara: me encantaría que mordieras cada perlita aquí mismo.

Una a una.

Luego me lamieras los pechos.

Me besaras y…

Ummm…

Me follaras en el suelo.

Claudio: cómprala para la próxima vez que nos veamos.

Mara: es demasiado cara.

Claudio: Cómprala.

Te doy mi tarjeta.

Mara: La dependienta va a flipar con la niña pija.

Si me viera aquí toda empapada…

Claudio: Podrías decirle que entre y te acompañe.

Mara: pervertido.

Claudio: seguro que es otra zorra lame pollas como tú.

Si pudiera meterte un dedito por el culo…

Mara: ¿así?

Claudio: umm…

Ay niña, ¡cómo sabes hacerlo!

Sigue metiéndote ese dedito.

Mara: Me pone mucho explorar mi trasero.

Ya está resbaladizo,…como mi coño.

Claudio: puta.

Mara: jodido cabrón.

Quiero que me folles por detrás.

Claudio: si pudiera.

Mara: he traído una cosita.

Claudio: ummm

Mara. Es rosa fucsia

Larga.

Adivina.

Claudio: ¿vibra?

Mara: sí…

¡sácalo!

Mara. Mira.

Claudio: ¡Guau!

Lámelo como si fuera una piruleta.

Mara: A falta de la tuya…

Claudio: ahora. Métela entre tus tetas.

Así…

Joder…

Junta tus sabrosas tetas, pedazo zorra.

Deslízalo rápido de arriba hacia abajo.

Mara: Aggg

Te gusta lo que te hago ¿eh?

Claudio: ay sí…

Como sigas así me voy a correr ya.

Mara. Yo estoy empapada.

Claudio: Te jodería ahora mismo esas tetas enormes.

Mara: aggg

Claudio: Bájalo hasta tu pubis.

Mara: umm.

Claudio: eres una diosa preciosa que algún desalmado debería follarse ya.

Mara. Y tú no estás aquí.

Claudio: Mara…

Ponte de perfil.

Perfecto. Abre las piernas.

Échate hacia delante.

Mírame.

Levanta el culo.

Métete esa cosita por el detrás.

Te voy a follar ya.

Y me voy a correr en tu delicado trasero.

Mara: Eres un enfermo.

y tú una puta guarra.

Métetela un poco más.

Te estoy follando.

¿Me sientes?

Claudio: Te voy a romper ese culo níveo.

Mételo hasta el fondo.

Mara: aggg

Ummm.

Aggg.

Fóllame.

Claudio: saca y mételo mientras me masturbo.

Más rápido zorra.

Ayyyy

Mara: joderrrrrrr

Claudio: métete un dedo en la vagina y trabaja.

Ahora te estoy follando duramente.

Por detrás…

Ufff….

Y te penetro la vagina con mis dedos.

¿Los sientes?

Mara. Hijo de puta. Siiii Ahhhhh, ummm, aggg

Claudio: me corro Maraaaaa.

Mara: CABRÓNNNNNN

Claudio: Más rápido. Quiero ver esa polla metida hasta el fondo.

Así….

Mara: joder, me corroooooo

Claudio: y yo.

Mara: Me mojo. Me corro…

Claudio: ya veo tus líquidos resbalando por tu pierna.

Guauuuuu. Me corro. Síiiii. Puta, sigue así, síiii.

Diosssss.

Mara. Guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.

Claudio: guauuuu.

Mara: ………

Claudio: ………..

Mara….

Mara: Claudio……

Claudio: Eres maravillosa.

Mara: sí. Una puta maravillosa.

Tú haces que me comporte así…

Claudio: eres tú quien me provoca estas cosas.

Me encantaría poseerte siempre.

Cada día…

Cada momento…

Mara: me tengo que ir.

La dependienta debe de estar mosqueada.

Claudio: claro. Nos vemos pronto.

Cuídate.

¿Mara?….

EXTRACTO DE PULSE MARA.

Sexo, barro y belleza.

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—Hola, ¿qué tal estás?

—…, con los pies en el barro…

— ¿Qué quieres decir, Mara?

—Bueno. En realidad, preferiría un campo de trigo bien luminoso, y además…, sentir la pisada crujiente del campo… Sé que eso es mucho pedir, así que me conformaría con pisar…, asfalto. Pero…, tengo los pies ahí; enganchados al barro; como si fuera ese moco verde de las pelis de héroes que se estira y estira y estira, pero nunca se rompe…

—Entiendo…

—A ver,  peor  sería que me estuviera hundiendo en el barro. Solo estoy ahí. En territorio neutral… Sí. Más o menos,  en territorio neutral porque,  tengo la suerte de que el barro nunca pasa de la línea del tobillo… Así que no está naaaada mal. Desde que vengo aquí, en realidad ese es mi estado…

—Ya…

—María, acabo de darme cuenta de que esa es la mejor explicación que te he dado hasta ahora para decirte cómo me siento desde…, bueno , ya sabes…

—No exactamente. Dime.

—Bueno, desde que he tomado conciencia de dónde estoy.

— ¿Sigues con temor? Todavía no eres capaz de confiar en mí, ¿verdad?

—Aquí debo ser sincera ¿no? Pues, Voila! Dime que soy una pesada pero es que no soy capaz de…

—De confiar en nadie…

—…

—No te preocupes. Entiendo tu frustración. Para mí no eres una pesada. Sé que te cuesta, e iremos poco a poco. Y no te preocupes por las etiquetas. No estoy aquí para juzgarte. Solo te quiero ayudar.

— ¿Ayudar?… ¡JA!

—Sí, ayudar.

Merde!!!!!! Nadie ayuda a nadie… Eso es la gran mentira de la sociedad…

— ¿Eso crees?

—…

— ¿Mara?

—….

— ¿Qué crees que hago yo entonces?

—…

—Dime.

—… Aunque nunca me concedas nada, déjame que te haga una pregunta. ¿Qué es lo que crees que hace, por ejemplo…, mmm, un buen diseñador, cuando busca como obseso la belleza?

— ¿Qué crees tú?

—No, no, nooooo. ¡Diossss! Contéstame aunque sea una vez. Tampoco es tan difícil. ¡Solo cinco minutos de diálogo!

—De acuerdo. Creo que es obvio.

—Nooo. Diossss…. ¡Nada es obvio! ¡Todo es una gran mentira! El que busca la belleza, lo que en realidad hace es rechazar al animal de mieeeeerda que lleva dentro. ¿Por qué nadie lo ve? … Pero si solo somos pu-tas besssss-tias disfrazadas de Balmain! Buscamos la belleza, sí, pero solo para ensuciarla; mejor aún, para marchitarla. Y más sabroso, cuanto más poco a poco… Ella, La Gran Belleza, Ella, Tan Amada…Bla, bla, bla… Husmeamos… Husmeamos en ella hasta el paroxismo solo por el afán sádico de relamernos cuando conseguimos profanarla. Por eso…, ¡por eso el sexo mueve el mundo! …  Por eso, una mujer bella se sabe poderosaaa…

—Ya veo… Inquietante reflexión, Mara.

—Sí… Ahí es nada…

—Entonces, si haces esta asociación entre la animalidad y la belleza, ¿qué es lo que crees que hago contigo en vez de ayudarte?

—Pues déjame decirte con todos mis respetos, que, de momento, no lo estás consiguiendo…

—Mara. Creo que vamos por el camino correcto…

—Ya…, bueno, me voy…

— ¿Hoy no eres capaz de aguantar ni diez minutos?

—Lo siento; me voy…

—Vamos. Hablemos un poco de la belleza. ¿Tú has sentido ese poder?

— ¡Ja!

—Dime. ¿Quieres

—Perdona que te interrumpa pero me voy; Ya está… Me voy con mi barro… Adiós, y lo siento de verdad… Adiós. Lo siento, lo siento… Adiós. Gracias. Adiós.

—Adiós Mara.

literatura-erotica-belleza

Mara Blixen.

Una cita por SKYPE. Parte I.


novela_erotica_skype

Mara: Ya estoy lista para ti.

Claudio: Hola.

Mara: Hola.

Claudio: estás preciosa.

Mara: ¿dónde estás?

Claudio: en mi despacho. Por el ventanal situado detrás de mí se ve toda la ciudad.

Mara: Ya veo, pero prefiero mirarte a ti.

Claudio: ¡Guau! No esperaba que llevaras esa tela de encaje negro cubriéndote los ojos.

Mara: no quiero que me grabes. Es solo eso pero… va a juego con la lencería.

Claudio: Estás muy misteriosa y eso me pone cachondo.

Me encanta ese conjunto.

Te has puesto carmín.

Mara: como me pediste.

Claudio: Te gusta obedecer…

Mara: me gusta complacerte…

Claudio: Date media vuelta. Quiero verte por detrás. Adivino que llevas puesto un culotte.

Umm….

Abre un poco las piernas.

Ahora no te muevas, gírate y mírame……

Tócate el trasero suavemente……

Así. Estoy empezando a excitarme…

Desabróchate el sujetador…

Umm. Tu espalda desnuda….

¡Quítatelo!…

Ay Mara!!!!

Mara: y ahora…, ¿qué hago?

Claudio: Date la vuelta y empieza a tocarte las tetas.

Primero los pezones.

Quiero ver cómo se ponen duros.

Mara: ¿así?

Claudio: sí, continúa.

Muévete como tú sabes.

Se me está poniendo dura.

Ufff,….

Métete una mano en el coño.

Mara: Me estoy humedeciendo.

Claudio: y más que vas a hacer.

Háblame mientras te masturbas.

Sigue tocándote las tetas. No pares.

Mara: Enséñame tu polla. 

Claudio: Vale. 

Mara: ¡Ya la tienes grande!

Claudio: desde que has encendido el video chat, cariño. 

Mara: mataría por poder chuparla. 

Claudio: no me digas esas cosas. 

Mara: nadie te la come como yo.

Claudio: Lo sé. Eres la zorra maldita que siempre he necesitado.

Mara: y tú el cabrón más degenerado que he conocido.

Claudio: no imaginas las cositas que haría contigo…

Mara: Enséñamelas.

Todas.

Claudio: umm.

Vas a empezar bajándote un poco esa braguita.

Quiero ver tu selva poblada.

Mara: ¿me quito los ligueros?

Claudio: no. Bájate las bragas solo un poco y enséñame ese coño…

Oh, síii, así….

 

EXTRACTO DE PULSE MARA. Continuará…

El sexo de las 4 torres

tocame slick rickY ¿por qué coño me he puesto un gin-tonic ahora? No es un día para eso. Sobre todo cuando vuelves de correr…

…Mientras lo hacía con una luna gorda en decadencia, ha salido de refilón, en la lista de spoty, Amy Winehouse; a veces me pasa; cuando corro, el sonido de la música tan directa en el oído, intimida tanto que hace que pierdas el ritmo ortodoxo de la pisada de atleta. Y es que, aunque quieras seguir recto, empiezas a zigzaguear, levantas de repente un brazo irrisorio Hip-Hopiano  y, hasta eres capaz de saltar a dos pies los bancos del camino sinuoso del lateral de las cuatro torres…

Si por mi fuera, en esos momentos, inventaría un nuevo estilo de running,

Lo llamaría dance-running…, shaking-running…, twister-running,…Graham-running…

¿Cuál suena  más pegadizo?…

En realidad, me da un poquito de vergüenza  que me vean haciendo aspavientos inconexos con mi anorak naranja. Pero no puedo evitarlo. Cuando eso ocurre hasta tal punto que pierdo el sentido y ya no recuerdo porque persigo un pie delante de otro, acelero más el paso y termino alcanzado (para esconderme) las callejuelas del triángulo que forma esa barriada ignorada de la Ventilla. Solo en ese momento empiezo a sentirme liberada…, protegida…, incluso siento cierta excitación ahí abajito, como diría un ex.

Pero es que las cuatro torres humillan un poco…, aunque…, eso puede ser una apreciación negativa porque al mismo tiempo, su omnipresencia cartesiana te dice que todo está en ti…., que  tú también puedes llegar hasta “ahí arribita”… arribita, arribita con la faldita…

… Ya no suena Winehouse y ahora, casi llegando a casa, es el chulo de Slick Rick el que te dice que el agujerito alto de Norman Foster, ese rascacielos que tú ves lejos, es pasto de “un coloso en llamas” y…., puff,  empieza a cargar (Slick) con uno de sus poemas en blanco y negro…

De  verás, sueño conque un día todas las barriadas de las ciudades más importantes del mundo sean derrumbadas por la pluma de Rick. Ese día yo seré famosa y, entonces, todos se despertarán con mi silueta desnuda erizándose insultante…, como en la foto en blanco y negro de portada pero “sin” el filtro de un buen grafitero…

MAra Blixen.

Mara, sexo, inocencia y Hotel California.

 

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Hotel California, The Eagles.

Some dance to remember, some dance to forget…

Extraigo esta frase clave de Hotel California, una de las canciones más incisivas de mi vida. Al enterarme esta semana de la muerte de Glenn Frey (The Eagles), no daba crédito porque justo el día anterior la bailé obsesivamente, no sé cuantas veces… Me dejé arrastrar desnuda entre el silencio del fin de semana.

Más allá de las interpretaciones satánicas o como metáfora del corrupto Hollywood que algunos insisten en hacernos ver, otra cosa tiene esta canción que me hace vibrar. Y aunque no viene al caso, dejo caer que siempre he puesto a Hotel California y Summertime en el mismo rincón de la estantería. Hace años no sabía por qué escuchaba tan compulsivamente estas dos canciones. Aun siendo muy diferentes, para mi algo tenían en común. Ahora, después de dejar rozar el aire fresco de la carretera en mi melena larga tantas veces, ya empiezo a entenderlo.

Cuando apenas era una niña y la escuché por primera vez, se me caló dentro. Busqué la letra y me la tragué. Siempre preguntaba a los mayores por su significado y yo no paraba de soltar disparatadas opiniones para ver los comentarios… Nada me convencía.

Un día, cuando ya estaba pisando el umbral del universo adulto entendí cuál era el significado para mí. Sabía que el mundo mágico que estaba a punto de descubrir cuando apenas me empezaban a crecer los pechos, me iba a gustar mucho más a que a cualquiera de mi edad. Siempre fui precoz. (Entonces ya había leído todo del esperpéntico y genial Valle-Inclán). Estaba dispuesta a no pasar desapercibida, y era tan osada que me disponía a inventar una nueva juventud de vanguardia.

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Mara en búsqueda de la inocencia que un día se fue.

En verano, organizaba fiestas pink en la playa; era asidua a tertulias extravagantes donde, entre aquellos hombres barbudos, mi minifalda cortísima no pasaba desapercibida, y siempre estaba rodeada de amigos, de pretty, pretty boys… Cuando llegué al Hotel California, yo misma quise pagar por conseguir la habitación “mirrors on the ceiling (espejos en el techo)” más exclusiva… La vida corría alegre y era fácil, so easy…

Pero, en ocasiones me despertaba en salas oscuras sin casi conciencia, a veces asustada. Entonces, parte de la melodía que escuché muy jovencita, venía a saludarme en susurros, como una canción de cuna,…You can check-out any time you like, but you can never leave…

Es como si fuera la favorita de Glenn Frey y él mismo quisiera alertarme de que, una vez dentro, ya no podría volver a la candidez de la adolescencia. De que tenía que saber que eso sucedería, evitando así sentirme prisionera cuando, algún día, quisiera correr en otra dirección.

Oficialmente estaba avisada y por eso no era justo que llorara. Nunca me quejé, ni una sola vez. No recuerdo si fue en la sala de banquetes cuando decidí que, si el hielo del champagne volvía a sacudirme, en vez de correr, bailaría…

Some dance to remember, some dance to forget…

Y ahora que aún soy joven, y que me consta que la inocencia más perversa busca nuevas almas pero no la mía, voy a escribir una canción nueva para todos. Esta dirá algo así como que el Hotel California ha sufrido un colapso y se ha derrumbado. Entonces, otras generaciones volverán a recuperar la inocencia cuando quieran y no tendrán la necesidad de bailar para intentar conseguirlo, pese a las arrugas que le salgan a la bestia…

Mara Blixen. 

(Os dejo la letra de la canción).

“Hotel California”

On a dark desert highway, cool wind in my hair
Warm smell of colitas, rising up through the air
Up ahead in the distance, I saw a shimmering light
My head grew heavy and my sight grew dim
I had to stop for the night
There she stood in the doorway;
I heard the mission bell
And I was thinking to myself,
“This could be Heaven or this could be Hell”
Then she lit up a candle and she showed me the way
There were voices down the corridor,
I thought I heard them say…

Welcome to the Hotel California
Such a lovely place (Such a lovely place)
Such a lovely face
Plenty of room at the Hotel California
Any time of year (Any time of year)
You can find it here

Her mind is Tiffany-twisted, she got the Mercedes bends
She got a lot of pretty, pretty boys she calls friends
How they dance in the courtyard, sweet summer sweat.
Some dance to remember, some dance to forget

So I called up the Captain,
“Please bring me my wine”
He said, “We haven’t had that spirit here since nineteen sixty nine”
And still those voices are calling from far away,
Wake you up in the middle of the night
Just to hear them say…

Welcome to the Hotel California
Such a lovely place (Such a lovely place)
Such a lovely face
They livin’ it up at the Hotel California
What a nice surprise (what a nice surprise)
Bring your alibis

Mirrors on the ceiling,
The pink champagne on ice
And she said “We are all just prisoners here, of our own device”
And in the master’s chambers,
They gathered for the feast
They stab it with their steely knives,
But they just can’t kill the beast

Last thing I remember, I was
Running for the door
I had to find the passage back
To the place I was before
“Relax, ” said the night man,
“We are programmed to receive.
You can check-out any time you like,
But you can never leave! “

ME FOLLAS y te digo adiós…

Estoy preparándome para esta noche, para nuestro ácido encuentro. No sabes aún porque lo será… Tú no enciendas las velas, ni prepares esas sabrosas ostras con las que te gusta mimarme…

En cuanto suba el último tramo de la escalera y sienta tu cercanía al recibirme, mi estómago va a tensar sus hilos hasta doler. A continuación, levantaré la mirada buscándote y en cuanto percibas mi rostro de disimulo contenido, sabrás que, esta vez, por mucho que lo desees, no podrás escaparte…

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Mara se arregla para el último encuentro.

 

Pero, ¿cómo puedes estar al lado de alguien que sabes que no te quiere? ¿Qué, en tan poco tiempo, ni siquiera te desea ya? ¿Qué me sientes ausente cada vez que me follas?…

Ahora que escribo “me follas”, me doy tanta cuenta de que en estos meses en realidad, no he sentido…, rien… Quizás he buscado el calor en ti por necesidad, por el fuerte vacío que estimula la orfandad. Tú te has atado a él, manipulando mi ebriedad para confundirme y, de ese modo hacerme pensar que podría estar enamorándome de ti. Sin embargo has caído en tu trampa porque el ratón, si no tiene hambre no busca alimento. Simplemente come lo que sea…, lo que le dan, lo que me das… Y aunque me sirvas en plata lentejas de caviar, me verás envejecer deprisa. Lo haré, aunque con un poco de atención, podrás sentir cómo me resisto a ello. Lo verás en el brillo cada vez más cenizo de mis ojos, que dibuja con lentitud un deseo de  agotamiento en tu ánimo por mi indiferencia… Y quizás también un golpe de efecto. Y justo, cuando empiezo a sentir en mi cuerpo la pérdida real de impulso sexual, aparece Jean. Un mensaje; hay una posibilidad, después de mucho tiempo, de volvernos a ver.

De repente, vuelvo a tener muuuucho hambre, ¡muchísimo! ¡Maldita sea! ¡Quiero esas lentejas de caviar!, pero no contigo…

De momento me contengo y decido no contestar.  Por el respeto que tengo a nuestra relación te debo, al menos, fidelidad. ¡Siempre he sido fiel! Siempre… Decliné la invitación de Eduardo a la exquisita Sicilia por ti pero… Me ducho, me masturbo y no encuentro el modo de calmar la ansiedad. Me voy a nadar… No es suficiente. Decido pasear por el parque abrupto de La Ventilla. Durante más de una hora la palabra fidelidad me golpea con sequedad el pendiente… No sé qué hacer…Conduzco el paso hacia el árbol cuya corteza, tiempo atrás rasqué con mi nombre y me acomodo en el suelo junto a él. Cierro los ojos.

Inoportunamente aparece mi  padre muerto. Un pensamiento frugal. ¡Justo en ese momento!… Toda mi vida espantándome de sus escarceos amatorios y, tras el corto tiempo que su imagen fantasmal está presente, inexplicablemente decido ver a Jean.

Después del palpitante encuentro con él, he vuelto a comer el pienso que te empeñas en darme cada día. Hoy no me cabe más así que me voy.  (Con pena porque echaré de menos tu amistad).

Para dejarte, me inventaré otra historia algo falsa y mucho más simplona que la que he contado aquí. Por supuesto, no me creerás pero cualquier cosa que te diga será bienvenida. Sabes que esta vez no me podrás convencer.

Adiós. Ahora debo buscar otros labios qué amar. Tengo que estrenar esta preciosa barra de labios…

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Mara dice adiós.

Mara Blixen.

 

Mi VULVA se hincha en tu SEXO…

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…, de mi vulva hinchada en los poros solidarios, de mis caderas queriendo existir, de mis muslos con las ligas aún hipnóticos, de mis pechos grandes, presentes, de mi cuello que se creía escondido, de mis labios lascivos, de mi vientre gordo, poderoso…

De mi misma que te desea en la memoria fugaz de hoy mismo…,

y esa escalerita…, pequeña, vieja, oliente de deseo tímido…,

y mis pies subían en el charol entrante queriendo encontrar el aro dorado del alcohol…, y ahora repito los pasos horizontales… Y si hubiera levantado un pie algo más del antes, hubieras follado la pierna completa, y habrías seguido hasta mi praderita mojada, arribita, más, y yo estaría deseosa de tu diversidad, abrupta, sólida, quizás demasiado grávida.

Pero estas noches viejas de Navidad que me hacen escribir sin teclear, que buscan el peldaño oscuro de una torta más en mis nalgas (preparadas a conciencia para el placer), como hiciste la otra noche, y que limpian, con tus malolientes palabras, todo aquello que quiere amoratarse …, estas noches repito…

Y volverás a hacerlo, y serás el hombre…, literatura… Te escribo a ti, que lo haces cada noche muy pesado… Aprovecho unas lineas escritas al revés para llenar mis textos…, pero hoy lo hago conduciendo el párrafo a la derecha para que no me vea él…  Y se acaba la noche rosa… Me voy a Sicilia.

Sexo, Mara y Japón…

Fotograma de la película Las edades de Lulú.
Fotograma de la película Las edades de Lulú.

<…> Daika comenzó a deslizar la cremallera de tu vestido. Ay zorra, ¡Cómo sabes vestirte para mí! ¡Estabas tan exquisita!

Mientras el vestido iba cediendo, Daika hundía sus manos en tus pechos y Akira comenzó a besarte. Ladeaste la cabeza y me exclamaste despacio:

Claudio… Lo único que no puedo permitir es que me besen. Todo lo demás no me importa.

Mara. Besas como los ángeles. Deberías soltarte un poco más. Quiero que disfrutes como si fuera yo mismo el que te va a follar así que muéstrales las artes de tu lengua. Enséñales todo lo que sabes hacer. Estás aquí para gozar. No tengas miedo. Te dije con dulzura.

Noté cómo una lágrima corrió por tu mejilla y te dije de nuevo. Mara. No tengas miedo.

Me contestaste lentamente: No,… por favor…

Y continué diciendo. Akira. Sube la falda de su vestido y quítale las bragas. El joven obedeció y pronto quedó al descubierto tu coño poblado de rizos negros. ¡Qué hermosura!

Extracto de mi novela PULSE MARA.

¿ Por qué cuando escribo ME EXCITO TANTO?

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Me excito por infinitas razones.

Por el placer de escribir…,

por el placer de inventar situaciones, ambientes, colores, nuevos personajes…,

Por intentar dejar a relucir en un acto aparentemente insignificante, el lado más oscuro del protagonista, de mi misma…,

por el placer de escuchar el tintineo de las teclas…,

por la soledad voluntaria que me invade y gratifica…,

por el placer del limpio pensar…,

por resucitar aquel encuentro fugaz en la cola de un water…, mmm.

porque a veces siento arder y voy deshaciéndome de cada tela hasta quedarme en braguitas…,

por el repicar de mis tacones…,

por saberme leída un día…,

por la necesidad de contar al mundo de dichosas maneras, la tristeza que un día rompió mi pudor…

Mara Blixen.

Así se hizo realidad mi fantasía con 3 Hombres. PARTE II

Fui hasta la cocina. Saqué tres vasitos de cristal para el tequila. Me puse de puntillas para poder alcanzar la botella que guardaba en el armario alto de encima del frigorífico y en ese momento sentí una mano tocando mi culo por debajo de la bata… Pínchame por si no leiste la PARTE I.

LARS-VON-TRIER-NIMPHOManiac

cONTINUACIÓN:

Así me quedé. Me sobresalté pero me contuve. Ya llevaba cachonda un rato. Decidí dejarle actuar. A ver qué hacía.

Siguió sobándome el culo. Levantó la tela de mi ropa interior y metió los dedos por debajo de la braga hasta alcanzar mi vagina. Me metió un dedo tan rápidamente que no me dio tiempo a reaccionar. Solté un silencioso gemido. Con la otra mano desató el nudo de mi bata y empezó a tocarme un pecho. Mi cuerpo se pegó más a la puerta del frigorífico. Joder.

Umm.  Suspiré sin poder controlarme más.

No me esperaba esa embestida sin preaviso y mucho menos de un chaval tan joven.  Me pegué un poco más a su cuerpo levantando el culo para ver si su polla estaba dura. Guauu. Si lo estaba. Sí. Entonces giré la cabeza y comenzamos a besarnos. Era Álex por supuesto. Me di la vuelta por completo. La bata abierta dejaba al descubierto mis pechos. El chico comenzó a besarlos. Los agarró con sus manos. Los  besaba con entusiasmo. Yo estaba muy húmeda ya. Dejé la botella de tequila sobre la encimera mientras me dejaba manosear. Me cogió de la cintura y me pegó contra la pared. Me sujetó las muñecas y me besaba por todas partes. Rápido. Iba bajando por todo el cuerpo hasta que alcanzó mi culote blanco de algodón. Lo mordió intentando deshacerse de él hasta que  la braguita quedó a la altura de los muslos y empezó a besar mi pubis.  Abría con sus dedos los labios de mi vagina para absorberlos mejor. Dios… Me estaba poniendo enferma ese muchacho. Deseaba follármelo ya. No quería que los otros chicos nos oyeran e intentaba contener mis gemidos. Levanté una pierna y la  apoyé sobre su hombro para abrir más mis entrañas. Ansiaba llegar al orgasmo cuanto antes. El chico no paraba de lamer mi coño. Lo hacía bien aunque a veces friccionaba demasiado y me hacía  daño. Esa cosita es muy delicada y hay que tener mucho cuidado.

Al final pensé que le faltaría experiencia para hacerme llegar al orgasmo solo con la lengua. Aunque he de decir que incluso los tíos mayores, muchos,  no tienen ni puta idea de cómo comer un coño.

En fin. Que le levanté. Le abrí la bragueta, le bajé los pantalones y el calzón de una vez. Él se ayudó hasta quistárselos. Apagué la luz del plafón del techo y abrí un poco la nevera para que pudiéramos ver mínimamente. Le senté en la única silla que había en la cocina en frente de la encimera junto a la ventana. El chico estaba completamente empalmado. Me quité las bragas y  me senté encima de él introduciendo su polla de una sola vez en mi vagina. Dioossss!! ‘Qué rica estaba! Suave, grande y dura. Se deslizó en mi coño a la perfección. Empecé a follármelo rápido. Le cogí la cabeza y se la metí entre mis tetas para que volviera a comérselas mientras seguía cabalgando sobre su cuerpo fuerte y atlético. El chico estaba entregado a mi placer. Miraba primero mis pechos. Los cogía, los besaba con suavidad y enseguida  se los metía en la boca para chuparlos  rudamente. Luego paraba de nuevo y pellizcaba un pezón. Luego lo mordía. Me abrazaba. Se pegaba, se despegaba. Bajaba  sus manos hasta el culo. Lo agarraba. A veces acercaba un dedo por la raja de atrás y luego, mientras me chupaba un pecho,  lo subía por la columna vertebral  apretando un poco hasta llegar al cuello. Volvía a mi boca, a mis pechos. Cogía mi pelo. Tiraba un poco de él. Me abrazaba. Me besaba… Yo me lo follaba….Ahhhhh.  ¡Qué sensualidad y qué vigor!

De repente pude ver el punto rojo sobre la piel de mis manos que estaban apoyadas en el borde de la encimera. Ladeé la cabeza  mirando hacia la puerta y allí estaban Alfonso y Agustín. Los dos permanecían quietos, impasibles,  mirándome con deseo.  Agustín Llevaba el puntero láser y Alfonso se estaba tocando la bragueta.

Sin decir nada giré la cabeza de Álex hacia ellos mordiéndome el labio inferior de la boca lascivamente con la intención de  retarlos.

¿Os gusta mirar eh cabrones? Les dijo Álex.

Cuando Álex terminó de hablar metí el dedo pulgar de una mano en su boca empujando a la vez su cabeza  hacia atrás. Seguidamente lo saqué. Levanté el dedo índice y dirigiéndolo hacia mí les invité a pasar.

Ven aquí Alfonso. Le decía mientras que Àlex  mordía un pezón sin dejar de mirar a sus amigos.

Acércame la botella de tequila. Alex le ordenó.
Alfonso obedeció. Cogió la botella y se la dio a Álex. Después se puso junto a mí. El chico no sabía muy bien qué hacer. Àlex bebió un sorbo de la botella y después fue echando el resto sobre mis pechos. Me encantó esa sensación de frescor. Esa noche hacía mucho calor. Con las manos iba esparciendo el líquido por mi piel. Tocaba mis tetas, mi cintura, mi cuello, mi cara. Empezamos a acelerar el ritmo del polvo de nuevo. De vez en cuando me metía el dedo en la boca para que saboreara el tequila. Yo me volvía loca con aquel joven. Ufff. No sé cómo podía estar aguantando tanto tiempo sin correrme.

Pero no me olvidaba de Alfonso que seguía de pie junto a mí observando cómo jodíamos su amigo y yo. Le cogí tiernamente del mentón y acerqué su cara a mi pecho para que se lo comiera.

Muérdeme el pezón. Le dije sin soltarle.

El chico comenzó a chupetear el pecho con cierta timidez. Con la otra mano le cogí de los huevos. Sentí su polla dura. Guau! Pensé. ¡Hoy me voy a dar un buen festín!

No te cortes. Alfonso. Aprovecha esta oportunidad que esta noche vas a disfrutar bien de tu profesora. Le exclamé cogiendo  fuerte sus huevos.

Mientras  tanto Àlex seguía sobando mi cuerpo brillante y mojado a causa del tequila.  Comencé  de nuevo a acelerar el ritmo del polvo. Eché el torso y la cabeza hacia atrás sujetándome a la encimera para no caerme. De ese modo los chicos podrían disfrutar más de mí. Empecé a follarme a Àlex más fuerte. Alfonso, por fin, entró en calor y se perdió entre mis tetas. Lo hacía con devoción, con vehemencia. Fuertemente. Deslizaba compulsivamente sus manos por todas las partes de mi cuerpo.  Yo estaba empezando a notarme fuera de mí.

Más, más… seguid así. Joder…No paréis. Les decía una y otra vez.

Alex de vez en cuando me cogía del pelo echándome hacia él y comenzaba a besarme: me metía la lengua hasta el fondo. A veces me mordía los labios con fuerza. Eso me  ponía aún más cachonda. El chico iba fuerte. Tenía más experiencia que la que podía esperar de un niñato de instituto. Yo estaba fuera de mí. Gemía. Aggg…. Me voy a correr cabrón. Sigue follándome así. Guauuuuu!!! Alexxxx!!!! Alfonso seguía lamiendo mis pechos y sobando todo lo que podía pero Agustín permanecía de pie en la puerta mirando. Apuntaba con el láser a todas las partes de mi cuerpo. No se decidió  a juntarse al grupo el puto mirón. El cabrón de Álex  empezó a tocarme el clítoris con el dedo mientras me lo seguía follando. Eso me desquició. Ay cabrón, que me corro. Cabalgué más fuerte. Noté el orgasmo cómo llegaba. Ayayay…. Uimmmmm sigueee. Cabrón……aggggggg me corrooooooo….

Ummmm

Caí destrozada sobre los hombros de Álex…

PUes esta es la versión con los tres… MAra es mucha MAra…

Mara Blixen.

aSÍ se hizo realidad mi fantasía con 3 HOMBRES…PARTE I

nimphomaniacMe aburre el libro que estoy leyendo. Es un domingo de verano. Estoy tumbada en el sofá del salón. Es realmente pequeño pero el hermoso marco verde que traspasa el ventanal hacia el parque lo amplia sin hacerme percibir la sensación de agobio. Todavía no entiendo esa manía de los promotores de construir viviendas con muchos dormitorios pero con cocinas y salones tan pequeños. Parece que cuanto mayor número de estancias tenga tu vivienda más grande es. El resultado es una caja de sardinas bien (mal) compartimentada. Y a esto es a lo que mi sueldo de profesora puede aspirar. Antes las casas eran más espaciosas y confortables. Estaban mejor pensadas.

Como todos los fines de semana me despierta el ruido de la pelota chocando en la red metálica de protección de la cancha de baloncesto del parque de en frente de mi edificio. Me gusta. Es la alarma que me hace recordar el itinerario de hoy y de cada mañana de domingo que me despierto sola sin el típico tío que insiste en quedarse a dormir después de una noche de alcohol y sexo.

¡Cómo me gusta! Me levanto. Desayuno tranquilamente con un libro, esta vez un auténtico tostón pero todavía no me he atrevido a abandonarlo. Quizás me faltan algunos años de madurez para  hacerlo con decisión. Lo digo porque todos mis amigos que pasan los cincuenta lo hacen. Me quedan todavía diez aunque no creo que aguante tanto.

A veces sueño con que alguien me observa desde el parque sin yo saberlo. Nunca he puesto cortinas en mi casa y las persianas siempre están levantadas. Tengo una vieja costumbre de familia donde incluso los días de más frio siempre dejo alguna ventana del apartamento abierta toda la noche. Me da cierta sensación de poder respirar un aire más limpio. Cuando era una cría a veces me despertaba llorando por la noche e iba corriendo a la habitación de mis padres  a pedir consuelo. En Invierno su habitación siempre estaba congelada. Me metía en el enorme edredón nórdico acurrucada en el calor materno.  Por la mañana el dormitorio tenía ese aire de frescor de habitación recién ventilada. Ahora yo hago lo mismo. Cuantas peleas he perdido con mis anteriores parejas cuando trataban de hacerme ver que solo los locos duermen con la ventana abierta con dos grados bajo cero fuera.

En fin. Cuando termino de desayunar, me ducho y me preparo para salir de casa y dar una vuelta por el mercadillo de la avenida de Asturias que plantan todos los domingos y festivos. Me encanta ese paseo. Prefiero ir pronto cuando todavía no está lleno de gente. Compro fruta, verduras, y flores frescas. Casi siempre margaritas. Es un mercadillo de barrio. A veces también compro rosas blancas si ese día el gitano,  con el que siempre regateo,  ha conseguido robarlas en algún almacén de venta al por mayor. Las rosas tienen que ser blancas. El gitano las guarda para mí. Es un símbolo del recuerdo de ese niño sin oportunidades. Ese precioso niño que me dio tiempo a amar y que ni tan siquiera conoció el mar.

Vuelvo  a casa caminando por el parque con el carro lleno de comida. Es una manera de hacer ejercicio porque el parque está lleno de subidas y bajadas. Los caminos son sinuosos. Hay muchos taludes en el terreno y una mezcla de variedades de árboles muy rica. Cipreses, castaños, magnolios, alcornoques. Todos ellos forman un paisaje asilvestrado y rebelde. Parece que todo ha nacido por culpa del azar. Ya cerca de casa me quedo un rato sentada en un banco junto a la mini pista de baloncesto observando a los adolescentes que juegan. Me gusta mucho observarles. Contemplar  su cándida actitud. Verles me hace sentir que la vida tiene sentido.

Cerca de mediodía llego a casa. Guardo ordenadamente todo lo comprado. Sé que pasados unos días tendré que tirar parte de las verduras porque casi nunca cocino pero todavía insisto en aprender. ¡Qué estupidez! Pongo las flores frescas en un jarrón y entonces enciendo el teléfono móvil y se acaba mi momento de la semana de complicidad conmigo misma. Me acerco de nuevo al sofá esta vez para enterarme de lo que está pasando en el mundo. Abro el ipad y busco la página del “PAÍS”. Así estoy durante, más o menos,  una hora más.

Cuando estaba leyendo lo cultural un ruido que provenía de la cancha de baloncesto me sobresaltó. Me levanté y me acerqué al ventanal. Me quedé un rato observando. Los chicos que hace un rato estaban jugando ahora se estaban peleando. Las amigas o novias que otras veces se quedaban en los bancos chismorreando entre ellas intentaban tranquilizarles.  Podía entreverles entre las ramas de los árboles. Pasado un rato parecía que la paz volvía. Resbaló una pelota por el talud que llegaba hasta la carretera. Lo había visto muchas veces. La malla que protege la cancha no es muy alta. A veces, la pelota sale por encima y cae a la tierra rodando por el terraplén hasta la calzada. Se rifan entre ellos quien va a por ella y al final veo a uno de los chicos acercarse corriendo para recogerla. Esta vez, el chico que alcanzó la pelota alzó la mirada y se encontró con la mía. Yo le sonreí. Él  me sonrió. Se dio la vuelta y subió de nuevo con sus compañeros. Yo seguía en el ventanal curioseando. De repente pude ver cómo todos juntos  miraron hacia mi ventanal. Me estaban mirando a mí y hablaban entre ellos. Obviamente no podía oír qué decían. Me dio un poco de vergüenza y di una par de pasos hacia atrás. Ellos seguían mirando. Me quedé quieta. Pasados unos minutos salieron de la cancha y se acercaron un poco más. Seguían mirando hacia la fachada de mi apartamento. Se reían cada vez más alto. Estaba convencida de que me estaban mirando a mí. El edificio lo componen un grupo de  casitas bajas pareadas de dos plantas. Únicamente cambian las esquinas de la manzana. Cada una agrupa un portal de cuatro viviendas distribuidas en dos plantas. Yo vivo en el segundo y en mi portal ahora mismo no vive nadie más. No sabía bien qué hacer. Seguí impasible dos pasos atrás. Uno de los chicos se adelantó e hizo aspavientos con las manos dibujando la silueta de una mujer. Otro me lanzó un beso. Me puse muy nerviosa. Me di la vuelta y me escondí en el pasillo entre el salón y la cocina. Me quedé parada pensando. Al cabo de un rato, me acerqué a la cocina y sigilosamente fui aproximándome hacia la ventana. También daba al parque. Me quedo petrificada cuando veo que varios de los chicos están en la calzada mirando. Me eché hacia atrás para esconderme de nuevo. Ya no pude asomarme otra vez. Me puse a cocinar compulsivamente. Saqué los pimientos, las cebollas, los tomates y todo lo que había comprado. Decidí preparar una crema, dos, cien. Finalmente, pasadas dos horas aproximadamente terminé. Me asomé a la ventana y ya no había nadie.

El resto de la tarde pasó con normalidad. Fui con una amiga al cine y volví pronto a casa. Me cambié de ropa. Me puse la bata negra con lazos blancos que compré en Zara hace muchos años y que aún sigue nueva. Cené una crema de verdura con un poco de vino blanco. Más tarde encendí la tele. Cuando estaba haciendo zapping noté cómo un puntito rojo iba recorriendo parte de mi cuerpo. Era el típico punto gordo de láser como los que usan los arquitectos para hacer mediciones. Miré alrededor pero solo podía venir de la calle. Mi casa está situada en frente del parque. No hay edificios delante así que solo podía provenir de alguien que estuviera allí.  Me acordé de los chicos de la cancha de baloncesto. Me levanté y miré hacia afuera.

Allí estaban. Junto a la cancha. No podía ver bien .Tan solo una luz tenue de la farola de la acera iluminaba el exterior. Vi cómo bajaron el terraplén dirigiéndose hacia mi casa. No podía creerlo. Esta vez no pensaba esconderme. Les plantaría cara y les invitaría a largarse.

Corrí la puerta del ventanal y me asomé. Estaban allí abajo. En fila. A apenas cinco metros de mí. Eran tres. Uno llevaba el puntero láser pero ahora ya no me enfocaba. Se quedaron quietos, callados. Decidí actuar.

¿Sois vosotros los de esta mañana?

¿De dónde habéis sacado ese puntero?

¿Queréis dejarme cenar tranquila?

Venga, largaos. Les dije.

Al cabo de muy poco tiempo, uno de ellos me preguntó:

¿Cómo te llamas?

Vives sola, ¿verdad?

Me sorprendió la última pregunta. ¿Qué sabían ellos de mí? Pensé. Decidí jugar un poco y me lancé.

Si. Vivo sola. ¿Cómo lo sabéis?

El chico más alto se atrevió  a decirme:

Lo sabemos. Te llevamos observando algún tiempo.

Yo contesté:

Ah ¿sí? Qué más sabéis de mí?

Que vas en moto a trabajar. Que te gusta mucho leer. Que a veces vienen tíos a cenar y se quedan a dormir. Que los viernes por la noche pones la música a tope.

Sí. Te gusta mucho el rock. Coldplay, Franz Ferdinanz. The killers, the ting tings. Dijo otro. Los pones a tope cuando te prepares para salir los fines de semana. Podemos oírlo desde la cancha. Es que nos encantan esos grupos ingleses también.

Y nos gusta mucho cuando te mueves por la casa en ropa interior. ¿Sabes que tienes un cuerpazo? Dijo el primero de nuevo.

Comenzaron a reírse.

El primero volvió a decir: Anda. ¿Por qué no bajas? Era, claramente, el más atrevido y descarado. Y ¡qué guapo era!

Yo no daba crédito a lo que estaba oyendo. ¿Qué habrían visto de mi vida? Y todos los tíos con los que me enrollo en cualquier sitio de la casa. ¿Me habrían visto follar con ellos?  No sabía muy bien qué hacer pero me estaba dando bastante morbo la situación. Me dejé llevar sin pensar demasiado.

¿Por qué no subís vosotros? Os invito a tomar algo. Osé a decirles.

No vacilaron. Vale. Dijo el chico moreno.

Sonó inmediatamente el telefonillo. Huy. Yo solo llevaba la bata cortita de verano y un conjunto cómodo de ropa interior. En un acto de coquetería me acerqué corriendo al baño para ponerme algo de carmín y ordenarme el pelo. Me eché una gota de perfume y fui al vestíbulo a abrir.

Hola. Pasad al salón. Les dije.

Ahora estaban callados. Se miraban entre ellos un poco alucinados.

Sentaos ¿Qué queréis tomar? Les dije frunciendo el cinturón de mi bata aún más.

Cerveza. Dijo el chico moreno. Ese chico de ojos gitanos claramente era el líder del grupo.

Me dirigí a la cocina. Saqué tres cervezas del frigorífico. Casualmente eran las últimas.  Se las ofrecí y mirando  al moreno le pregunté. ¿Cómo te llamas?

Alex. Ellos son Agustín y Alfonso.

¡Vaya! El equipo A. Alex. Agustín y Alfonso.

Rieron y dieron un sorbo a la cerveza.

¿Sois del barrio? ¿Cuántos años tenéis? Les pregunté sirviéndome un poco de vino. Me di cuenta de que la botella de chablis que había abierto hace un rato ya estaba por la mitad.

Dieciocho. Vamos al instituto de Mártires de la Ventilla. Dijo Álex.

El puntero lo cogimos de la sala de profesores. Siguió Alfonso.

Y ¿Desde cuándo me observáis? Les pregunté insinuándome.

Desde que te vimos con un tío haciéndooslo en el sofá. Se rió Álex.

¿Cuándo fue eso? Pregunté con cierta curiosidad.

Hace un mes más o menos. Siguió Alfonso. Era un domingo por la mañana.

Joder. Pensé. Me di cuenta de que me estaba poniendo cachonda. Yo follando con un tío mientras tres niñatos me observaban.

¿Os gusta mirar?

Bueno. Es que no tienes cortinas… vaciló Álex.

Ya. Y Tú Agustín. ¿No dices nada? Le pregunté al que estaba sentado en medio.

En realidad es bastante tímido. Dijo Alfonso.

Ya veo. ¿Tenéis novia?

No. Esta vez contestó Agustín.

¿Y esas chicas que siempre vienen a veros jugar son solo amigas?

Si. A veces nos enrollamos pero solo eso. Son unas niñatas. Dijo Álex.

¿Ah sí. Álex? ¿Te gustan más mayores? Le pregunté mirándole fijamente.

Me gustas tú. Respondió seriamente.

Los otros dos se rieron.

¿No crees que soy un poco mayor para ti? Me insinué de nuevo.

No lo creo. Es que estás muy buena. Se levantó. Se puso junto a mí. Muy cerca y  me pidió otra cerveza.

No tengo más. Si quieres tengo  tequila. Le ofrecí algo intimidada.

Vale. Dijo Alfonso desde el sofá.

Fui hasta la cocina. Saqué tres vasitos de cristal para el tequila. Me puse de puntillas para poder alcanzar la botella que guardaba en el armario alto de encima del frigorífico y en ese momento sentí una mano tocando mi culo suavemente por debajo de la bata…

Continuará…

Os propongo un juego.

Tengo varias situaciones distintas para la continuación de la fantasía.

  1. Era Álex y termino follando con él en la cocina sin que los otros chicos se enteran.
  2. Me giro y ahí están los tres chicos jugando con el puntero láser.
  3. Me follo a Álex mientras los otros dos chicos miran.
  4. Me giro. Era Álex. Le aparto y al final les echo a los tres chicos de casa.

¿Cual eliges?

Cómo echarte de menos con cursilería…

MARACARTAS DE AMOR 1:

Mi amor, cuatro días han pasado desde la despedida en la fría Gran Vía,

Pero tu calor sigue envolviendo mi solitaria piel,

Aunque sea solo en los húmedos sueños que padezco.

¡Oh! Con ello tengo que conformar mi desdicha porque no existes  ahora.

 

Te perdono que no estés para hacerme sonreír,

Porque mi negra doblez me invita a disfrutar tu ausencia,

porque puedo saborear con mayor ímpetu la pasión de tus besos,

porque no debo asirme a nada.

 

Pero ¡oh, mi amor! ¿Qué puedo hacer cuando mi cuerpo anhela tu sangre?

Encuentro refugio en la escritura, sí, pero

¿Qué pasará cuando mis mundos ilimitados busquen expandirse si no puedo tocarte?

Me ahogaré en mi atormentado ego recordando la maestría y delicadeza con que absorbías, en nuestro último encuentro,  los finos paramentos de mi cueva.

Intentaré que no se desdibuje nuestra unión carnal engarzándola  fuertemente con mi memoria.

Pero, amado y cómplice mío, tengo que confiarte algo que me causa rubor.

No podré nunca explotar ya que ni la soldadura  más tenaz es suficiente en mi despoblada soledad.

MAra Blixen.

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