Inacabada. Con Tony Bennett y otros hombres.

Una habitación demasiado grande sin escalones, donde los pomos de las puertas, más bajos de lo habitual, me hacen dar cuenta de que es para minusválidos. Y es que no queda alojamiento en una Italia pletórica de sol, más gafa de pasta de lo políticamente original, algo de experimento y mucho arte inacabado…, como a veces parezco sentirme yo…

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Mara paseando entre los barrotes fríos de hierro.

Exactamente inacabada, así puedo llegar a sentirme hoy. Desde luego, ya no soy una niña pero me siento como si aún estuviera modelándome entre las pantallas frías que se deslizan veloces al son de Bennet. No pueden tocarse y yo intento pasar tímida entre los barrotes que forman esos screens gigantes y es que quiero terminar de averiguar quién soy. Pero los hierros son infinitos y bailan casi mejor que yo.

A veces, al levantar un pie, veo flashes seleccionados de mi pasado, de antes de ayer pero también de hace muchos años. Los más grandes me asustan, dibujan museos de miedo y trauma. En casi todos ellos la luz del sol que capturó el fotógrafo, forma la imagen fija enmarcada en mi memoria. Y a veces a esa luz del cuadro atirantado entre las barras gélidas, se añade la que se cuela torrencialmente desde la cubierta acristalada de vidrio. La mezcla de resplandores hace que me tambalee. Antes de caer, atisbo al fondo una posible salida. Salto.

Pero aparezco en otra sala. Es oscura y, sin saber por qué, siento vértigo. En ese momento la psicosis se apropia de mi vagina cuando veo aparecer en pantallazos de ordenadores muy viejos algunos de los hombres de mi pasado (de mi vida). Hablan todo el rato y se ceden la palabra entre ellos. Tengo la sensación de que se conocen. Sobre una caja de cartón oigo decir a Oscar: — Mara, Mara, ¿me recuerdas? Todos quieren intervenir y hacerme un warning. —¡Como sigas por ahí, te quedarás sola! —dice Luis. Alfredo me sonríe y repite que echa de menos mis risas… Boris aún no entiende por qué lo nuestro terminó, y Basil se arrepiente de no quedarse conmigo en Madrid… Todavía escucho a más y veo caras viejas, muy cambiadas. Tom me enseña cómplice la foto que me hizo desnuda y que fue portada en su exposición del MOMA… Karl me pide perdón por robar algunas de mis historias. Mompati me mira con esos ojos inundados en el Okavango… De algunos apenas recuerdo el nombre. Esos me miran serios, quieren castigarme. Empiezo a asustarme un poco y doy pasos largos mirando solo de reojo. — ¿Qué está pasando aquí? —me pregunto inquieta. Pienso si, en realidad, estarán todos muertos. Me mareo. Sus barbas me quieren dar alcance y siento una ligera náusea. Mientras corro hacia la siguiente sala puedo reconocer la voz del sádico de Juan bramando que quiere volver a follarse mi culo… No quiero oír más, ¡no puedo oír más! — ¡Dejadme en paz! —grito. Pero no pueden oírme porque esas palabras se quedan en mis labios. Soy incapaz de retarles.

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Decido irme de una vez. Por fin consigo alcanzar la siguiente sala. Ya solo oigo ruido de fondo. En esta nueva habitación sigo viendo barrotes, aunque ya no cuelgan como guillotinas. Se apilan en estructuras formando cajas y advierto de nuevo flashes, aunque esta vez no reconozco las historias de su interior. ¿Acaso será mi futuro?

La sola idea de tenerlo delante de mí me estrangula el pensamiento y acelero firme hacia una puerta grande galvanizada que intuyo es la salida. Vuelvo la manivela pero no se abre. La aporreo, me quiero ir de una puta vez. A mis golpes, la hoja suena fuerte pero sigue sin abrirse. Estoy sola y nadie va a oirme. Sigo dando golpes durante unos minutos que ya son eternos. Caigo rendida esperando a que alguien venga a abrir la maldita puerta, y es que no pienso volver por la sala oscura… Entonces oigo desde muy lejos, fuera, alguien silbando la melodía de Lookin’ for the light of a new love…  Me tranquilizo y es que reconozco la canción. Pero el silbo no parece querer venir a rescatarme porque cada vez se escucha menos.

To brighten up the night, I have you love

No oigo nada más.

Voy a tener que bailar sola en la oscuridad del pabellón porque Tony Bennett me ha abandonado fuera, en el jardín de Venecia.

Mara Blixen.

(La canción de Tonny Bennett se titula Dancing in the dark).

Mi danza erótica.

Hoy es el Día Mundial de la Danza y yo bailo en silencio.

No necesito la música. Está en mi cabeza. La danza es una de mis pasiones. Diría que es mi vocación. Es más, me atrevo a gritar que únicamente con el baile conecto con mi yo Lacaniano, con mi esencia… Solo al bailar puedo ver a la verdadera Mara,  me encuentro con ella y me cae bien.

Y ahora, dejo de escribir, me levanto de la silla, me alzo unos tacones negros y me entrego a LA DANZA. Lo hago bailando para ti.

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Pd. Hoy debéis bailar. Para él o para ella, o para ti mismo, pero ¡Bailad!

Mara Blixen.

Os dejo una capsulita del diccionario.

La erótica es un término colectivo de raíces griegas y latinas (nominativo plural de erotikon, εροτικον, y de eroticum y carente por tanto de plural él mismo) con el que se ha designado al conjunto de objetos relacionados de alguna manera (en general representativa) con la pasión amorosa humana, especialmente cuando está enfocada hacia sus aspectos físicos y sensuales. Como sustantivo erótica abarca pues todos los objetos calificados de eróticos. Y resulta que, a lo largo de la historia, eso ha sucedido con las cosas más diversas: chascarrillos, coplas, bailes, poemas, vasijas, estatuas, dibujos, pinturas, medallones, libros, novelas, exvotos, fotografías, películas y casi cualquier cosa imaginable ha podido ser y ha sido incluida en el grupo. El campo abarcado es pues inmenso.

(Extracto de wikipedia).

Una cita por SKYPE. Parte I.


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Mara: Ya estoy lista para ti.

Claudio: Hola.

Mara: Hola.

Claudio: estás preciosa.

Mara: ¿dónde estás?

Claudio: en mi despacho. Por el ventanal situado detrás de mí se ve toda la ciudad.

Mara: Ya veo, pero prefiero mirarte a ti.

Claudio: ¡Guau! No esperaba que llevaras esa tela de encaje negro cubriéndote los ojos.

Mara: no quiero que me grabes. Es solo eso pero… va a juego con la lencería.

Claudio: Estás muy misteriosa y eso me pone cachondo.

Me encanta ese conjunto.

Te has puesto carmín.

Mara: como me pediste.

Claudio: Te gusta obedecer…

Mara: me gusta complacerte…

Claudio: Date media vuelta. Quiero verte por detrás. Adivino que llevas puesto un culotte.

Umm….

Abre un poco las piernas.

Ahora no te muevas, gírate y mírame……

Tócate el trasero suavemente……

Así. Estoy empezando a excitarme…

Desabróchate el sujetador…

Umm. Tu espalda desnuda….

¡Quítatelo!…

Ay Mara!!!!

Mara: y ahora…, ¿qué hago?

Claudio: Date la vuelta y empieza a tocarte las tetas.

Primero los pezones.

Quiero ver cómo se ponen duros.

Mara: ¿así?

Claudio: sí, continúa.

Muévete como tú sabes.

Se me está poniendo dura.

Ufff,….

Métete una mano en el coño.

Mara: Me estoy humedeciendo.

Claudio: y más que vas a hacer.

Háblame mientras te masturbas.

Sigue tocándote las tetas. No pares.

Mara: Enséñame tu polla. 

Claudio: Vale. 

Mara: ¡Ya la tienes grande!

Claudio: desde que has encendido el video chat, cariño. 

Mara: mataría por poder chuparla. 

Claudio: no me digas esas cosas. 

Mara: nadie te la come como yo.

Claudio: Lo sé. Eres la zorra maldita que siempre he necesitado.

Mara: y tú el cabrón más degenerado que he conocido.

Claudio: no imaginas las cositas que haría contigo…

Mara: Enséñamelas.

Todas.

Claudio: umm.

Vas a empezar bajándote un poco esa braguita.

Quiero ver tu selva poblada.

Mara: ¿me quito los ligueros?

Claudio: no. Bájate las bragas solo un poco y enséñame ese coño…

Oh, síii, así….

 

EXTRACTO DE PULSE MARA. Continuará…

Camas calientes…

literatura-erotica-mara-blixenEstoy triste…,  a lo Woolf; y eso no es precisamente consolador.  Las piedras pesan, cada vez más… Yo nunca llevo vestidos largos como ella así que al no caberme en los bolsillos, las debo meter en el lóbulo de las orejas, ese órgano necio… Cuando están dentro suelen apretar. Molestan; a veces, como hoy, se arriman un poco de más y me termina doliendo tanto la cabeza que me pregunto por qué no se juntan del todo y barren mis pensamientos hasta arrasar con ellos. Pero no es así y entre las culebrillas del cerebro apareces tú para decirme que este dolor se pasará, que no dude en que voy a aguantar. Me aconsejas que busque consuelo en mi propia alegría, que invente una nueva aventura, que me la juegue otra vez…Pero es que ya no quiero ser valiente. Lo que quiero es QUE  VU-EL-VAS… ¡MALDITA SEA! ¿Por qué no podemos tomar otro ron más? Háblame, por favor… No seas cabezota como la última vez, vuelve y hazlo una vez más. ¿Sabes que Luis  ha traído tu ron favorito?… ¡Cómo me gustaría volver a discutir contigo sobre los tiempos modernos, sobre la uva, sobre el último invento que se te ha ocurrido y del que estás convencido, nos va a hacer millonarios…! ¡Cómo me gustaba emborracharme en las lunas de La Herradura contigo! Todos se iban a dormir y quedábamos tú y yo, filosofando en bajito, como de hombre a hombre… (Joder, ¿Por qué no  avisaste antes? Si ni siquiera me dirigías la palabra cuando te moriste…).

A veces, cuando, al escuchar una de las historias de mis viajes, de mis novios, te sonreías echando una calada placentera a tu puro, yo me sentía orgullosa. Siempre decías que solo unos pocos elegidos podrían llegar a comprender el verdadero “meaning of life” (*); por supuesto, uno eras tú y es probable que vieras en mí que uno de tus hijos, al menos se había enfrentado a lo esencial, que un trocito de tu estela continuaría; y ese pensamiento te aquietaba…

Pero es que tu luz se ha ido…, lejos…, de repente.

Y cuanto más lejos viaja, más miedo tengo…

Ahora busco en camas calientes algo de sosiego que esconda el desaliento por tu pérdida; pero el roce obsesivo con la carne no hace más que agrandarlo.

Mara Blixen.

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El sentido de la vida. Terry Eagleton.

(*). Os recomiendo este librito de filosofía de Terry Eagleton sobre la búsqueda de la felicidad. En español, el sentido de la vida.

Ansiedad, abandono, masturbación…

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Siento cómo mi cuerpo empieza a encenderse y no es por deseo sexual. No, no siento mácula de excitación sexual. Y sin embargo me voy a masturbar. Necesito  alejar de mí la ansiedad provocada por…, la tristeza o…, la soledad. No. Creo que lo que siento es abandono. Efectivamente. Me acabo de dar cuenta. Es eso. Un fuerte sentimiento de abandono. Pero injusto, gratuito y profundamente inmaduro. Porque pese a que puedo disfrutar de casi cualquier hombre, el que me atrae con desmesurada irracionalidad, en realidad, mira hacia otro lado, hacia otra. Lo hizo desde el primer día. Desde ese primer día yo lo sabía. Lo acepté. Mucho me cuidé de no enamorarme, de ser yo la que mantenía la distancia, la que daba con carta de raciocinio los encuentros amatorios. Sabía, sé que nunca será para mí. Después de conocernos, he podido enamorarme de otro con locura e incluso, ahora me entrego con pasión a un libanés. Me entrego a tantos…, y con clara irracionalidad…

Sin embargo, cuando él aparece, suele ser amable pero una sola línea obtusa de sus cartas me hace vibrar metálicamente, el calor natural de mi estado de ánimo se congela, se desfigura el rojo de mi pecho y la realidad de mi pasado se carcajea de mí avanzando a grandes zancos para hacerme ver que es mi jodida voluntad la que desea estar condenada a la soledad. Y solo por una línea obtusa en sus cartas…

(A veces me gusta escribir sin un hilo conexo, como ahora,  porque la vida es también incongruente. Hoy me dejo llevar por una mezcla del placer de escribir buscando una frase original y de la sensibilidad de mi cuerpo borboteando ansiedad…).

Mara Blixen. 

Escribe en la caja negra del SEXO…

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Cuando no salen las palabras adecuadas uno se asusta. Te pones a leer a los grandes para ver si encuentras la inspiración. Eso es aún peor porque te das cuenta de que nunca alcanzarás ese estado de gloria. Y te preguntas por qué escribes. Es más,  porque escribes  de sexo…

Los que han leído parte de mi novela (algunos, la novela entera) me dicen que utilizo el sexo tan solo como un utensilio para llegar a la caja acorazada del personaje. A su esencia, a lo que nadie quiere enseñar,  y que lo consigo de una manera poco  convencional, o al menos, muy particular.

Marta me dijo que rasco en las venas negras atravesando un cuchillo en lengua, con extraordinaria impulsividad y alegría. Que consigo un ‘catwalk’ de Lacroix a través de la más patética simpleza. Y que eso al fin y al cabo es lo que hace a cualquier escritor digno de ser respetado.

Es posible que haya una razón que explique porqué centro mis historias en el sexo. Por qué desde pequeña me impactaron tanto pelis como Last Tango in Paris…, Eyes wide shut o más recientemente, Shame… Que quizás, escribir de sexo es una consecuencia natural de lo que soy… Es más. Diría que sé cuál es la explicación, pero eso se queda en la caja…

Mara Blixen.

Mis SHORTS más HOT!

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Es una de mis prendas favoritas. El short. Me hace sentir sexy. Lo llevo siempre muy muy corto y los tengo de todos los colores. Hoy llevo unos puestos que tengo desde los quince. Son de esos altísimos que tapan el ombligo, gastados y con muchos flecos colgando.  Como ahora parece que se lleva ese estilo algo noventero pues este verano no me los quito ni para bañarme. Unas converse de día y taconazo de noche y la atracción de todos los tíos es para tí. Prueba.

Por cierto. No te los quites tampoco en invierno. ¡Son aún más sexies!

Mara BLixen.

Pínchame para saber cómo combinarlos…

Así se hizo realidad mi fantasía con 3 Hombres. PARTE II

Fui hasta la cocina. Saqué tres vasitos de cristal para el tequila. Me puse de puntillas para poder alcanzar la botella que guardaba en el armario alto de encima del frigorífico y en ese momento sentí una mano tocando mi culo por debajo de la bata… Pínchame por si no leiste la PARTE I.

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cONTINUACIÓN:

Así me quedé. Me sobresalté pero me contuve. Ya llevaba cachonda un rato. Decidí dejarle actuar. A ver qué hacía.

Siguió sobándome el culo. Levantó la tela de mi ropa interior y metió los dedos por debajo de la braga hasta alcanzar mi vagina. Me metió un dedo tan rápidamente que no me dio tiempo a reaccionar. Solté un silencioso gemido. Con la otra mano desató el nudo de mi bata y empezó a tocarme un pecho. Mi cuerpo se pegó más a la puerta del frigorífico. Joder.

Umm.  Suspiré sin poder controlarme más.

No me esperaba esa embestida sin preaviso y mucho menos de un chaval tan joven.  Me pegué un poco más a su cuerpo levantando el culo para ver si su polla estaba dura. Guauu. Si lo estaba. Sí. Entonces giré la cabeza y comenzamos a besarnos. Era Álex por supuesto. Me di la vuelta por completo. La bata abierta dejaba al descubierto mis pechos. El chico comenzó a besarlos. Los agarró con sus manos. Los  besaba con entusiasmo. Yo estaba muy húmeda ya. Dejé la botella de tequila sobre la encimera mientras me dejaba manosear. Me cogió de la cintura y me pegó contra la pared. Me sujetó las muñecas y me besaba por todas partes. Rápido. Iba bajando por todo el cuerpo hasta que alcanzó mi culote blanco de algodón. Lo mordió intentando deshacerse de él hasta que  la braguita quedó a la altura de los muslos y empezó a besar mi pubis.  Abría con sus dedos los labios de mi vagina para absorberlos mejor. Dios… Me estaba poniendo enferma ese muchacho. Deseaba follármelo ya. No quería que los otros chicos nos oyeran e intentaba contener mis gemidos. Levanté una pierna y la  apoyé sobre su hombro para abrir más mis entrañas. Ansiaba llegar al orgasmo cuanto antes. El chico no paraba de lamer mi coño. Lo hacía bien aunque a veces friccionaba demasiado y me hacía  daño. Esa cosita es muy delicada y hay que tener mucho cuidado.

Al final pensé que le faltaría experiencia para hacerme llegar al orgasmo solo con la lengua. Aunque he de decir que incluso los tíos mayores, muchos,  no tienen ni puta idea de cómo comer un coño.

En fin. Que le levanté. Le abrí la bragueta, le bajé los pantalones y el calzón de una vez. Él se ayudó hasta quistárselos. Apagué la luz del plafón del techo y abrí un poco la nevera para que pudiéramos ver mínimamente. Le senté en la única silla que había en la cocina en frente de la encimera junto a la ventana. El chico estaba completamente empalmado. Me quité las bragas y  me senté encima de él introduciendo su polla de una sola vez en mi vagina. Dioossss!! ‘Qué rica estaba! Suave, grande y dura. Se deslizó en mi coño a la perfección. Empecé a follármelo rápido. Le cogí la cabeza y se la metí entre mis tetas para que volviera a comérselas mientras seguía cabalgando sobre su cuerpo fuerte y atlético. El chico estaba entregado a mi placer. Miraba primero mis pechos. Los cogía, los besaba con suavidad y enseguida  se los metía en la boca para chuparlos  rudamente. Luego paraba de nuevo y pellizcaba un pezón. Luego lo mordía. Me abrazaba. Se pegaba, se despegaba. Bajaba  sus manos hasta el culo. Lo agarraba. A veces acercaba un dedo por la raja de atrás y luego, mientras me chupaba un pecho,  lo subía por la columna vertebral  apretando un poco hasta llegar al cuello. Volvía a mi boca, a mis pechos. Cogía mi pelo. Tiraba un poco de él. Me abrazaba. Me besaba… Yo me lo follaba….Ahhhhh.  ¡Qué sensualidad y qué vigor!

De repente pude ver el punto rojo sobre la piel de mis manos que estaban apoyadas en el borde de la encimera. Ladeé la cabeza  mirando hacia la puerta y allí estaban Alfonso y Agustín. Los dos permanecían quietos, impasibles,  mirándome con deseo.  Agustín Llevaba el puntero láser y Alfonso se estaba tocando la bragueta.

Sin decir nada giré la cabeza de Álex hacia ellos mordiéndome el labio inferior de la boca lascivamente con la intención de  retarlos.

¿Os gusta mirar eh cabrones? Les dijo Álex.

Cuando Álex terminó de hablar metí el dedo pulgar de una mano en su boca empujando a la vez su cabeza  hacia atrás. Seguidamente lo saqué. Levanté el dedo índice y dirigiéndolo hacia mí les invité a pasar.

Ven aquí Alfonso. Le decía mientras que Àlex  mordía un pezón sin dejar de mirar a sus amigos.

Acércame la botella de tequila. Alex le ordenó.
Alfonso obedeció. Cogió la botella y se la dio a Álex. Después se puso junto a mí. El chico no sabía muy bien qué hacer. Àlex bebió un sorbo de la botella y después fue echando el resto sobre mis pechos. Me encantó esa sensación de frescor. Esa noche hacía mucho calor. Con las manos iba esparciendo el líquido por mi piel. Tocaba mis tetas, mi cintura, mi cuello, mi cara. Empezamos a acelerar el ritmo del polvo de nuevo. De vez en cuando me metía el dedo en la boca para que saboreara el tequila. Yo me volvía loca con aquel joven. Ufff. No sé cómo podía estar aguantando tanto tiempo sin correrme.

Pero no me olvidaba de Alfonso que seguía de pie junto a mí observando cómo jodíamos su amigo y yo. Le cogí tiernamente del mentón y acerqué su cara a mi pecho para que se lo comiera.

Muérdeme el pezón. Le dije sin soltarle.

El chico comenzó a chupetear el pecho con cierta timidez. Con la otra mano le cogí de los huevos. Sentí su polla dura. Guau! Pensé. ¡Hoy me voy a dar un buen festín!

No te cortes. Alfonso. Aprovecha esta oportunidad que esta noche vas a disfrutar bien de tu profesora. Le exclamé cogiendo  fuerte sus huevos.

Mientras  tanto Àlex seguía sobando mi cuerpo brillante y mojado a causa del tequila.  Comencé  de nuevo a acelerar el ritmo del polvo. Eché el torso y la cabeza hacia atrás sujetándome a la encimera para no caerme. De ese modo los chicos podrían disfrutar más de mí. Empecé a follarme a Àlex más fuerte. Alfonso, por fin, entró en calor y se perdió entre mis tetas. Lo hacía con devoción, con vehemencia. Fuertemente. Deslizaba compulsivamente sus manos por todas las partes de mi cuerpo.  Yo estaba empezando a notarme fuera de mí.

Más, más… seguid así. Joder…No paréis. Les decía una y otra vez.

Alex de vez en cuando me cogía del pelo echándome hacia él y comenzaba a besarme: me metía la lengua hasta el fondo. A veces me mordía los labios con fuerza. Eso me  ponía aún más cachonda. El chico iba fuerte. Tenía más experiencia que la que podía esperar de un niñato de instituto. Yo estaba fuera de mí. Gemía. Aggg…. Me voy a correr cabrón. Sigue follándome así. Guauuuuu!!! Alexxxx!!!! Alfonso seguía lamiendo mis pechos y sobando todo lo que podía pero Agustín permanecía de pie en la puerta mirando. Apuntaba con el láser a todas las partes de mi cuerpo. No se decidió  a juntarse al grupo el puto mirón. El cabrón de Álex  empezó a tocarme el clítoris con el dedo mientras me lo seguía follando. Eso me desquició. Ay cabrón, que me corro. Cabalgué más fuerte. Noté el orgasmo cómo llegaba. Ayayay…. Uimmmmm sigueee. Cabrón……aggggggg me corrooooooo….

Ummmm

Caí destrozada sobre los hombros de Álex…

PUes esta es la versión con los tres… MAra es mucha MAra…

Mara Blixen.

¡Transparencias para un viernes sexy!

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Ayer buceando en internet me encontré con este look en negro y lleno de transparencias. El glamour solo podía venir de las calles de París la semana pasada. Pues atrévete como he hecho yo. Saca del armario algo negro (corto a ser posible), de gasa y sobretodo muy transparente. Ponte un brillante tacón o reluce ese bolso florado que tienes y sal a presumir que hoy es viernes…

MAra BLixen. 

Y jugué a tocarme el coño…

Los domingos cuesta desperezarse. Este aún más. Ayer llegué a casa después de bailar hasta la extenuación en ARTS CLUB, MAdrid (gente guapa con pistolas de agua, alcohol y mucha, muchísima alegría por vivir) y caí en la cama con mis tacones dorados sin quitar y completamente desnuda. Abracé las sábanas en toda su extensión y jugué a tocarme el coño con suavidad hasta penetrar en el sueño lascivo de mi sexo. Hoy me despierto “lazy” porque los domingos cuesta tanto desperezarse…

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MAra Blixen.

 

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